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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Una pileta con fines curativos: así funciona la rehabilitación que gana terreno en Argentina y ya copian en Estados Unidos

La terapia acuática dejó de ser un complemento recreativo y se convirtió en una herramienta clínica clave para tratar articulaciones, dolores crónicos y secuelas neurológicas. Qué cuadros se indican, cómo es una sesión y por qué la fisioterapeuta Jenea Smith la describe como “fisioterapia con el aporte de la ingravidez”.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 5 min
Una pileta con fines curativos: así funciona la rehabilitación que gana terreno en Argentina y ya copian en Estados Unidos

Son las nueve de la mañana y en el natatorio del centro de rehabilitación el agua todavía está quieta. Marta, de Recoleta, se acomoda en el borde de la pileta con la ayuda del kinesiólogo y baja los escalones despacio, hasta que el agua tibia le cubre la cintura. Acá en el sur del conurbano bonaerense los inviernos son crudos, pero adentro de esa pileta climatizada ella se ríe y dice que recién ahora, después de dos operaciones de cadera, vuelve a sentirse liviana. Esa escena, que se repite en muchísimos centros del país, es la postal de una disciplina que crece en silencio: la terapia acuática, una modalidad de rehabilitación que durante años fue subestimada y que hoy, de la mano de profesionales como la estadounidense Jenea Smith, empieza a ocupar un lugar central en los tratamientos de adultos mayores, pacientes con dolor crónico y personas que se recuperan de cirugías ortopédicas o de eventos neurológicos. Nosotros queremos contarte, en primera persona, de qué se trata, para qué cuadros se indica y qué esperar cuando un médico te la prescribe.

Antes que nada, una aclaración que suele confundir a los pacientes: la terapia acuática no es una clase de natación ni una rutina de aquagym recreativa. Es un tratamiento clínico que se desarrolla en piletas de poca profundidad, bajo la supervisión de un fisioterapeuta o de un terapista ocupacional, y que se diseña a partir de una evaluación individual. Tampoco hace falta saber nadar: la persona trabaja con el agua a la altura de la cintura, del pecho o del hombro según el cuadro, y los movimientos se adaptan al estado de salud, la condición física y los objetivos de cada caso.

Por qué el agua se convierte en un entorno terapéutico

El agua no es un escenario neutro: modifica la manera en que el cuerpo ejecuta el movimiento, y por eso sirve como herramienta de rehabilitación. La disciplina reconoce cuatro propiedades físicas que la vuelven un gimnasio diferente. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal. Esa descarga parcial es lo que permite a Marta, después de dos reemplazos de cadera, flexionar la rodilla sin esa punzada que siente en el consultorio de tierra.

La resistencia del agua es la segunda propiedad, y es clave para el trabajo muscular. Como el medio líquido ofrece hasta setecientas veces más resistencia que el aire, alcanza con mover los brazos y las piernas dentro de la pileta para fortalecer la musculatura sin necesidad de pesas ni máquinas. La tercera es la presión hidrostática, que actúa como una venda inteligente alrededor de los tejidos y puede ayudar a reducir la hinchazón en piernas y tobillos. Y la cuarta es la temperatura: el agua tibia favorece la relajación muscular, disminuye los espasmos y permite ganar movilidad antes de empezar el ejercicio propiamente dicho.

“Es fisioterapia con el aporte de la ingravidez. El trabajo en pileta se usa para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia los ejercicios en tierra.”Jenea Smith, fisioterapeuta de la Universidad de Missouri

En la práctica, una sesión típica combina movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha dentro del agua. El profesional corrige la postura, ajusta la intensidad y mide los tiempos según la tolerancia del paciente. En el caso de Marta, después de la segunda operación de cadera, las primeras sesiones fueron de quince minutos y terminaron extendiéndose a cuarenta, con ejercicios de flexo-extensión, marcha lateral con apoyo de la baranda y pasadas de pie a pie para entrenar el equilibrio.

Para qué cuadros de salud se indica

Los especialistas remarcan que la terapia acuática siempre funciona como complemento de un tratamiento médico, no como reemplazo. Dentro de ese marco, las indicaciones más frecuentes en los consultorios argentinos incluyen artritis, osteoartritis, dolor crónico, hernias discales y estenosis espinal, además de lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar. También es habitual en la recuperación previa y posterior a cirugías ortopédicas, como el reemplazo de cadera o rodilla, y en el abordaje de la fibromialgia, donde la combinación de agua tibia y movimiento suave ayuda a calmar los puntos dolorosos.

En el terreno neurológico la indicación también es firme. En la enfermedad de Parkinson, en la esclerosis múltiple y después de un accidente cerebrovascular, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas. El agua ofrece un marco de seguridad que en tierra muchas veces no se logra: si la persona pierde el equilibrio, el líquido amortigua la caída y frena el movimiento.

La frecuencia y la cantidad de sesiones dependen del cuadro y de la respuesta individual. Los programas suelen organizarse en ciclos que van de dos a ocho sesiones iniciales, con el objetivo de que el paciente gane confianza, mejore su movilidad y después pueda continuar el trabajo en un gimnasio o en el domicilio. Muchos profesionales recomiendan, una vez terminado el ciclo supervisado, mantener al menos una sesión semanal de mantenimiento, porque los beneficios sobre la fuerza, el equilibrio y el dolor tienden a diluirse cuando se suspende del todo.

Marta, la vecina de Recoleta, ya completó su ciclo y ahora va dos veces por semana por cuenta propia. Cuenta que antes de empezar no podía subir las escaleras del colectivo sin agarrarse del pasamanos y que hoy, aunque todavía no volvió a manejarse como antes, ya camina hasta el mercado de la esquina sin que la cadera le pase factura. Lo que ella espera, y lo que esperan los profesionales que la acompañaron, es que esa mejora se mantenga en el tiempo y que la pileta deje de verse como un lujo para empezar a entenderse como lo que es: una herramienta clínica seria, con respaldo científico, capaz de devolverle a mucha gente la confianza de moverse sin dolor.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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