Wildwood: cuando el stop-motion se anima a jugarle de igual a igual a Pixar
Laika vuelve a sorprender con una película artesanal de 132 minutos, 231 muñecos y una batalla final que parece imposible hecha a mano. Te cuento por qué esta historia te va a atrapar más de lo que esperás.
Como me dijo una vez una vecina del barrio de San Telmo mientras tejía un tapiz: las cosas hechas a mano tienen un alma que la máquina todavía no aprendió a copiar. Y cada vez que veo una película de Laika, esa frase me vuelve a la cabeza, porque este estudio de Oregon lleva casi dos décadas demostrando que la animación con muñecos y paciencia todavía puede emocionar tanto como un tanque de renderizado digital. Con Wildwood, su sexta película, parece que decidieron subir la apuesta hasta un punto que, técnicamente, parece de locos.
La cifra inicial asusta: 132 minutos de película, 231 muñecos articulados a mano, 136 escenarios construidos uno por uno por artesanos y un equipo de decenas de personas que trabajó durante cinco años para que cada fotograma pareciera vivo. Para ponerlo en contexto y que se entienda la magnitud: en el stop motion tradicional, cada muñeco hay que moverlo y fotografiarlo cuadro por cuadro, lo que significa que un segundo de película exige al menos 24 posiciones distintas de cada personaje. Ahora imaginá multiplicar eso por cientos de figuras moviéndose al mismo tiempo en una secuencia de combate.
Una batalla final que parece imposible
El punto más alto de la película, y lo que todos los que la vieron resaltan, es el tercer acto. Ahí se despliega una escena de batalla con cientos de figuras sincronizadas que, según la propia producción, es el momento de mayor exigencia técnica del proyecto. Es la clase de secuencia que, hecha por computadora, ya es complicada; hecha con muñecos de arcilla y metal, parece directamente un acto de valentía. Y sin embargo funciona, y funciona bien, porque Laika ya nos tiene acostumbrados a esta búsqueda permanente del límite.
La historia sigue a Prue y Curtis, dos adolescentes que se meten en un bosque mágico llamado Wildwood, en Portland, y a partir de ahí se desata una aventura con tintes épicos, algo de violencia, relaciones complicadas y batallas de gran escala. No es una película para los más chiquitos: el tono es más cercano a una novela de iniciación que a una fábula con moraleja, y los personajes tienen zonas grises, dudas y contradicciones como las tenemos todos.
La artesanía como declaración de principios
Algo que me parece rescatar es el modelo de Laika: un estudio que se da el lujo de hacer películas así de riesgosas porque tiene el respaldo económico de Nike, lo que le permite trabajar sin la presión de los grandes estudios comerciales. Eso se nota en la pantalla: no hay product placement, no hay guiños forzados al mercado, no hay canciones de pensadas para sonar en TikTok. Hay una historia contada con tiempo, con capas, con la idea de que el espectador puede bancarse silencios y personajes que no resuelven todo en el último minuto.
Ahora, ojo, no todo es perfecto: algunos críticos señalan que el desarrollo de los personajes principales muestra ciertas limitaciones, algo que parece venir del material original, la saga de libros de Colin Meloy y Carson Ellis, donde la construcción del mundo a veces le gana a la profundidad de quienes lo habitan. Es un trade-off conocido en la fantasía épica, y Wildwood no es la excepción.
“Lo artesanal no compite con lo digital: convive, lo empuja y, a veces, lo supera en expresividad.”Romina Cabral
¿Puede el cine de animación artesanal competir con las superproducciones digitales de hoy? Mi lectura, después de seguirle el rastro a Laika durante años, es que la pregunta está mal planteada. No compiten por el mismo público ni con las mismas reglas: una película como Wildwood se disfruta distinto, se valora distinto, y ese viaje a un bosque lleno de detalles minuciosos hechos a mano es una experiencia que el renderizado en la nube todavía no puede replicar. Wildwood no es la excepción que confirma la regla, es la prueba de que la artesanía sigue siendo un lenguaje propio del cine.
Dónde, cuándo y qué se come
Wildwood se estrena el próximo 11 de julio en cines de Estados Unidos, y se espera que llegue a la Argentina en las semanas siguientes, probablemente primero en cines independientes y luego en el catálogo de la plataforma Apple TV+, donde suelen aterrizar las producciones de Laika para el mercado latinoamericano. Si te copa la idea, una buena forma de prepararse es maratonear primero Coraline y Kubo y las dos cuerdas mágicas, que están disponibles en streaming, para entrar en clima con el universo visual del estudio. Y un consejo bien argentino: si vas al cine, armate un picnic de pochoclos con queso rallado encima, que la experiencia artesanal pide algo casero, digno de esos artesanos que durante cinco años le dieron vida cuadro por cuadro a este bosque imposible. Te leo, contame qué te pareció cuando la veas.
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