Comer no es solo un cálculo de calorías: por qué sin apoyo psicológico los tratamientos para bajar de peso se quedan a mitad de camino
El hambre, el sueño, el estrés y la genética empujan la balanza tanto como el plato de comida. La OMS pide un abordaje que contemple cuerpo y mente, y un metaanálisis reciente confirma que la terapia psicológica mejora los resultados a largo plazo. Acá en el sur, los nutricionistas empiezan a sumar ese frente a las consultas.
Son las seis de la tarde en un consultorio del barrio porteño de Villa Devoto y la licenciada en Nutrición Carolina Espinosa recibe a Marta, una paciente de 52 años que lleva seis meses tratando de sacar adelante un plan para bajar de peso. Trae la planilla de comidas escrita a mano, pero también trae una confesión: la semana pasada discutió con su hija, durmió mal y comió una pizza entera en la cama, mirando el teléfono. No vino a pedir una dieta nueva. Vino a pedir que alguien la ayude a entender por qué, cada vez que se estresa, la comida se le va de las manos.
Esa escena se repite, con distintos matices, en consultorios de todo el país. Porque bajar de peso no depende solo de comer menos y moverse más, como se repitió durante décadas desde el sentido común. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario inciden de manera directa en la relación con la comida y en la posibilidad de mantener los cambios con el tiempo. Cuando los tratamientos se limitan a pautas de alimentación y ejercicio sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de sostener y la frustración queda instalada en la silla del consultorio.
Lo que dice la Organización Mundial de la Salud
La Organización Mundial de la Salud sostiene que la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica propia de cada persona y las influencias ambientales y psicosociales que la rodean. Por eso recomienda una atención multimodal que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptada a las necesidades de cada caso. No es un detalle menor: es el organismo internacional de referencia marcando la cancha sobre cómo se tiene que tratar un tema que atraviesa a buena parte de la población adulta.
Qué encontró el metaanálisis más reciente
Un trabajo que revisó 37 estudios, incluyendo 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso, una línea de la psicología centrada en identificar valores y modificar la relación con pensamientos y emociones difíciles, fue la que presentó evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en la revista Obesity Reviews.
Genética, hambre y metabolismo: por qué dos personas no responden igual
La genética también tiene un papel concreto y del que pocas veces se habla en la mesa familiar. Ciertas variantes genéticas influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, es decir, en las señales que el cuerpo envía para pedir comida o para decir que es suficiente. Otras variantes intervienen en el metabolismo, en la forma en que el organismo usa y almacena la energía que recibe a través de los alimentos. Estas diferencias ayudan a explicar por qué personas con planes alimentarios similares pueden obtener resultados tan distintos entre sí, algo que Marta escuchó más de una vez de su entrenadora del gimnasio.
Lo que pasa cuando la balanza se mueve y la cabeza no
El estado emocional y el nivel de cansancio afectan de manera directa la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación. Ante un episodio en el que la persona se sale del plan previsto, una respuesta rígida suele generar la sensación de haber perdido el control por completo, lo que muchas veces deriva en comer de forma desinhibida. Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el abandono total del proceso, una distinción fina que separa a los tratamientos que funcionan de los que terminan en la puerta del kiosco.
La Sociedad Europea de Cardiología va en la misma línea: plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona y pensado para sostenerse en el tiempo. En el consultorio de Carolina, en el sur de la ciudad, eso ya se traduce en derivaciones coordinadas con psicólogos, algo que hasta hace unos años era la excepción y empieza a ser parte del trabajo de todos los días. Marta, mientras tanto, espera que la próxima vez que se siente frente a una pizza en la cama, pueda parar a tiempo y seguir adelante con el proceso sin sentir que volvió a fojas cero.
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