Cuando el cielo se pone gris y la vitamina D se vuelve tema: a quién le conviene controlar y a quién no
Las jornadas sin sol bajan la radiación, pero el cuerpo tiene reservas. Un especialista de la Universidad de Buenos Aires marca quiénes sí necesitan análisis y suplemento, y advierte sobre los riesgos de automedicarse.
Acá en el sur, cuando llevamos una semana con el cielo tapado y la lluvia que no afloja, la pregunta empieza a circular entre conocidos y familiares: ¿me estaré quedando sin vitamina D? Es una inquietud lógica, porque uno asocia sol con esa vitamina casi de manera automática. Pero la realidad, como me la explicó Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, es un poco más tranquila de lo que parece.
La vitamina D se fabrica principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B, y también se puede incorporar a través de algunos alimentos. Las nubes filtran parte de esa radiación, pero no la eliminan por completo. Por eso, varios días seguidos con el cielo cubierto no implican necesariamente una caída brusca en los niveles. A eso se le suma algo clave que muchos olvidan: el organismo guarda reservas que le permiten sostener los valores durante períodos de menor exposición. O sea, el cuerpo tiene un colchón para amortiguar estos vaivenes.
Quiénes sí tienen que prestar atención
Heredia fue muy claro cuando le consulté a quiénes les conviene realmente hacerse controles y pensar en un suplemento. No es para todos, ni mucho menos. El especialista identificó los grupos que sí requieren mayor atención: adultos mayores, personas con obesidad, pacientes con enfermedad celíaca, quienes pasaron por cirugías bariátricas, quienes atravesaron internaciones o cuadros críticos, y quienes tienen antecedentes de osteoporosis o fracturas.
Marta, una vecina del barrio Belgrano que tiene 72 años y toma mate en la puerta de su casa cada mañana, me lo decía el otro día mientras charlábamos en la vereda: "Yo me hago los análisis todos los años, porque el médico me lo pide". Ella está en uno de esos grupos y, justamente por eso, su caso es distinto al de un adulto sano de 40 años sin antecedentes.
Por qué los adultos sanos no deberían suplementar por las dudas
- No existe una recomendación general de suplementación para adultos sanos sin deficiencia documentada.
- El exceso de vitamina D puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal.
- La dieta aporta cantidades relevantes a través de huevos, pescados grasos como el salmón y la caballa, y yogures fortificados.
- Cuando ya existe una deficiencia, la alimentación sola puede no alcanzar para corregirla.
"Para los adultos sanos no hay una indicación de suplementar vitamina D de manera preventiva", resumió Heredia. Y agregó que, si bien la vitamina cumple un rol central en la absorción del calcio y el fósforo y participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario, eso no significa que haya que tomar cápsulas porque está nublado.
Lo que la gente espera que pase y lo que realmente conviene hacer
En definitiva, lo que nosotros como pacientes esperamos que pase cuando aparecen estos temporales de varios días es simple: que el médico nos diga si nos tenemos que preocupar o no. La respuesta, según el especialista, depende del grupo al que pertenezcamos. Para los adultos mayores, las personas con obesidad, los pacientes celíacos, quienes pasaron por una cirugía bariátrica o una internación grave, y quienes tienen antecedentes de osteoporosis o fracturas, la evaluación médica es lo que define si hace falta un análisis y, eventualmente, un suplemento. Para el resto, lo más razonable es no automedicarse y, si la duda persiste, consultarlo en el consultorio. La vitamina D no es un tema menor, pero tampoco es cuestión de salir a comprarla porque llovió toda la semana.
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