Después de los 30, el hueso también se cuida: lo que hay que saber para evitar fracturas silenciosas
La masa ósea llega a su pico cerca de los 30 años y, a partir de ahí, empieza un lento desgaste. Una especialista británica explicó qué ejercicios suman, qué alimentos importan y por qué una fractura menor puede ser la primera señal de alerta. Claves para pensar los huesos antes de que se recuerden solos.
Acá en el sur, donde casi todo el mundo conoce a alguien que se cayó en la vereda y terminó con una muñeca enyesada, cuesta hacerse una idea de lo traicionera que puede ser la osteoporosis: avanza callada, sin aviso, y muchas veces se descubre recién cuando aparece una fractura. Eso mismo lo recuerda Elaine Dennison, una especialista británica que conoce bien el tema y que insiste con una idea simple, casi de sentido común: la masa ósea llega a su pico cerca de los 30 años y, después, empieza un camino descendente. Conservarla es clave, porque los huesos son el andamio del cuerpo y, cuando fallan, todo lo demás se vuelve más difícil.
Como nos pasa con la presión o con el colesterol, lo que hacemos día a día —lo que comemos, cómo nos movemos, qué hábitos arrastramos— termina dejando huella en el esqueleto. Nosotros, que muchas veces dejamos el tema para mañana, solemos acordarnos de los huesos recién cuando aparecen los primeros dolores o, peor, cuando una caída desde la propia altura termina en radiografía. Y ahí, según explica Dennison, ya puede haber una señal de fragilidad que conviene mirar con atención.
Una fractura que parece chica puede decir mucho
Una fractura después de un resbalón en la cocina o un tropiezo en la calle no es un hecho menor. Para Dennison suele ser la primera pista de que el hueso perdió densidad, sobre todo si se trata de cadera, muñeca o columna. Cuando alguien del círculo cercano —la tía, la madre, el padre, la vecina de toda la vida— pasó por algo así, el riesgo también se hereda, y vale la pena anotarlo en el historial. La osteoporosis, explica la especialista, es una enfermedad silenciosa: avanza sin síntomas hasta que aparece la lesión.
- Antecedentes familiares de fractura de cadera, muñeca o columna.
- Uso prolongado de corticoides.
- Tabaquismo.
- Enfermedades que dificultan la absorción de nutrientes.
- Menopausia, sobre todo cuando llega temprano.
- Bajo peso corporal.
Moverse con carga, el estímulo que el hueso necesita
El hueso, aclara Dennison, responde al estímulo mecánico: si no se lo exige, se ahorra material. Por eso recomienda actividades que le impongan carga, las de toda la vida: ejercicios de fuerza, subir y bajar de una plataforma, correr, saltar. Los músculos, al tensarse, también transmiten presión al esqueleto y ayudan a que se adapte. Ahora bien —y esto nos importa a varios—, quienes tengan baja densidad en la columna o antecedentes de problemas de espalda no deberían lanzarse a levantar pesas sin una charla previa con un profesional. Y la natación, que tantos beneficios trae para el corazón y los músculos, no produce el mismo estímulo: el agua sostiene el cuerpo y le quita carga al hueso, así que conviene combinarla con otra actividad.
En la mesa: calcio, vitamina D y compañía
La especialista británica lo resume con una idea que repetimos de chicos: leche, yogur y queso, más los alimentos fortificados y algunos vegetales, son la base de calcio. La vitamina D, que se consigue con sol y, cuando falta, con suplementos, es la llave que permite absorberlo y mineralizar el hueso. Dennison suma a la lista las vitaminas K y C y el magnesio, siempre dentro de una alimentación equilibrada con frutas y verduras. Nada de fórmulas mágicas: variedad, constancia y sentido común.
Para diagnosticar, los médicos cuentan con la densitometría DEXA y con herramientas como FRAX, que cruzan antecedentes y factores de riesgo para estimar la probabilidad de fractura en los próximos años. No son estudios carísimos ni complejos, pero suelen pedirse tarde, recién cuando la fractura ya golpeó. Por eso, pensar el tema antes, charlarlo en familia y anotarlo en el control anual puede cambiar el pronóstico. Vecina del barrio, yo le diría a cualquiera: si pasó algo en la casa, si la madre se rompió la cadera, si tomó corticoides durante meses, vale la pena preguntar. Porque lo que uno espera es seguir caminando, subiendo escaleras y yendo al sin pensarlo —perdón, yendo a la plaza sin pensarlo—, y para eso los huesos necesitan que les hablemos a tiempo.
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