Dos pueblos fantasmas de Burgos se convierten en el campo de batalla de una película sobre la memoria
Castil de Carrias y Loranquillo, aldeas deshabitadas desde los años noventa, fueron elegidas por los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi para rodar las escenas de la Guerra Civil de "La bola negra". La responsable de localizaciones cuenta cómo apareció el escenario perfecto entre los restos de una vida interrumpida.
Yo siempre digo que mi abuela, la de la colonia, tenía una frase que se me quedó grabada: "donde hubo vida, todavía quedan las señas". Y vaya si las hay en Castil de Carrias, ese pueblo de la provincia de Burgos que hoy es apenas un puñado de paredes abiertas al cielo y donde el último vecino, Florentino González Sáez, murió en 1994 dejando atrás una escuela, una taberna con botellas todavía en los estantes, utensilios domésticos dispersos, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María con marcas de expolio que duelen solo de mirarlas. A mí, que cada vez que paso por un pueblo vacío siento que se me cae algo adentro, contarles que ese lugar terminó siendo elegido para rodar las escenas de la Guerra Civil de "La bola negra" se me hace un nudo en la garganta del tipo que uno no puede desatarse, aunque la película lo justifique de cabo a rabo, porque los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi fueron a buscar justamente eso: un decorado natural donde el tiempo ya hubiera hecho el trabajo más cruel.
La taberna con las botellas todavía en el estante
Antes que hablar del rodaje, que comenzó el 25 de agosto de 2025, a mí me parece obligado contarles cómo es ese galpón a cielo abierto que es Castil de Carrias, porque uno no entiende la decisión de los directores si no se imagina caminar entre sus ruinas: estamos a unos diez kilómetros de Belorado, en pleno Camino de Santiago, en un antiguo núcleo rural con historia documentada desde al menos el siglo XII, que llegó a superar los 240 habitantes a mediados del siglo XIX pero que el éxodo rural fue vaciando calle por calle a lo largo del siglo XX, con 178 vecinos en 1950 y apenas 59 en 1970, hasta quedar en aquel estado reducido que sobrevino a la muerte de Florentino, el último. Es esa quietud interrumpida, esa sensación de que la gente se levantó un día y no volvió, lo que los cineastas querían meter en cuadro sin tener que inventarlo, y por eso mismo eligieron filmar allí, según contaron, porque la destrucción real acumulada durante décadas no necesitaba ninguna intervención artística para transmitir el peso del abandono.
“Lo que buscábamos no era solo la imagen de las ruinas, sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas.”Javier Calvo y Javier Ambrossi, directores de "La bola negra"
A pocos kilómetros de Castil de Carrias aparece Loranquillo, otro núcleo despoblado que fue integrado al municipio de Belorado durante los años setenta y cuyos últimos habitantes se fueron en la década de 1990, formando junto con el primero y con Quintanilla una ruta de senderismo de 22 kilómetros que permite caminarlos casi como quien hojea un álbum de fotos donde faltan todas las caras; los dos pueblos permanecieron cerrados al público durante el rodaje, decisión de la producción que la responsable de localizaciones Clara Salvador justificó por la necesidad de mantener la escena protegida y la logística propia de un equipo grande filmando entre paredes que pueden derrumbarse en cualquier momento.
- Castil de Carrias: antiguo núcleo rural a unos diez kilómetros de Belorado, con historia desde el siglo XII, más de 240 vecinos en el siglo XIX, 178 en 1950, 59 en 1970 y último habitante fallecido en 1994; conserva escuela, taberna, enseres, vehículos oxidados e iglesia de Santa María.
- Loranquillo: núcleo despoblado incorporado a Belorado en los años setenta, con últimos vecinos emigrados en la de 1990.
- Ruta conjunta: los dos pueblos, junto a Quintanilla, integran un recorrido de senderismo de 22 kilómetros.
- Rodaje: comenzó el 25 de agosto de 2025, con ambos pueblos cerrados al público durante la filmación.
Lo que cuenta "La bola negra"
Si ustedes me preguntan por qué a mí esta película me interesa más allá de la rareza de rodar entre ruinas, les digo que la historia que cuenta va justamente de eso: de la memoria, de la violencia y de lo que el tiempo termina borrando, según declararon los propios directores, y usar pueblos realmente deshabitados para hablar de lo que se va y no vuelve más es de esas decisiones que en el cine argentino también probaron, aunque a veces con menos viento a favor, porque cuando el escenario ya está herido el actor no tiene que inventar nada, solo habitar el hueco. Por eso a mí, que soy de las que prefieren un decorado verdadero a uno construido, me cierra especialmente la idea de que el lugar elegido haya sido la provincia de Burgos entera, con sus aldeas vacías y su manera de seguir atesorando la memoria rural española, que es la misma memoria rural que tenemos del otro lado del Atlántico, con otros apellidos pero con idéntica canción.
Si les queda la duda, ya saben: para visitarlo por su cuenta hay que ir hasta Belorado y caminar la ruta de 22 kilómetros que une Castil de Carrias, Loranquillo y Quintanilla; eso sí, el rodaje de "La bola negra" ya pasó por allí y la película, que todavía no tiene fecha de estreno confirmada en la Argentina, sigue buscando provincias españolas donde la historia siga escrita en las paredes.
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