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VIE, 16 OCT 2026
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El final de “El Castillo”: los guionistas cuentan por qué no quisieron cerrar la historia con un moño

Isabel Peña y Eduardo Villanueva, la dupla detrás de la miniserie que adapta el libro de Mabel Lozano, repasan las decisiones más sensibles del último episodio: el destino del Suizo, el de Claudia y el de los investigadores, y por qué la imagen que cierra la serie deja la puerta abierta en lugar de cerrarla de un golpe.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · · lectura 4 min
El final de “El Castillo”: los guionistas cuentan por qué no quisieron cerrar la historia con un moño

Lo dijo una de mis abuelas, de las que sabían de todo sin haber ido a la universidad: “mientras haya un tema dando vueltas, la cosa no terminó”. Y esa frase me vino a la cabeza mientras leía las explicaciones que dieron Isabel Peña y Eduardo Villanueva, los guionistas de “El Castillo”, sobre el final de la miniserie. La serie, basada en el libro de no ficción “El proxeneta” de Mabel Lozano, se plantó desde el arranque con una premisa incómoda: contar la trata de personas con fines de explotación sexual sin convertir a las mujeres en una masa de víctimas anónimas y sin convertir a los explotadores en personajes dignos de una épica turbia. Y esa decisión, según cuentan los autores, marcó también cómo tenía que terminar todo.

Peña, que ya había trabajado con Villanueva en “Antidisturbios”, fue bastante clara cuando le preguntaron por el tono general de la ficción: “No queríamos que las mujeres fueran una informe masa de víctimas y de cuerpos perfectos”, sostuvo. Esa frase resume una incomodidad muy concreta: la de evitar dos clichés que suelen aparecer cuando se toca este tema, el del morbo y el del panfleto. Y esa incomodidad se traslada al último capítulo, donde la serie elige no darles a los espectadores el alivio de un cierre redondo.

El Suizo sigue, el sistema también

Villanueva lo explicó con una idea que me pareció la columna vertebral de toda la serie: “Habla de un sistema, y el sistema está por encima de los individuos y de las cosas concretas que sucedan”. Por eso el cierre muestra al personaje del Suizo, el reclutador que encarna la maquinaria de la explotación, volviendo a la actividad en una escena que evoca el arranque de la historia. La decisión es deliberadamente antipática para el espectador: “Había una cosa de querer contar que esto ha pasado, pasa y va a seguir pasando”, agregó el guionista. En lugar de un juicio, una redada o una bala final, la serie apuesta a dejar al personaje haciendo lo suyo, como si la historia nunca terminara del todo.

El arco de Claudia: sin final feliz, pero con techo propio

El otro gran recorrido es el de Claudia, a quien Valentina Vidal le pone el cuerpo y la cara. Peña fue cuidadosa al describir su desenlace: aclaró que no hay un final feliz en el sentido tradicional de la palabra, pero sí hay una salida concreta. Para Claudia, esa salida es la posibilidad de quedarse legalmente en el país y ganarse la vida por sus propios medios. “Claudia ha conseguido lo que se ha propuesto y lo que en este momento también se ha ganado”, dijo la guionista. Es una definición interesante, porque separa la idea del “final feliz” romántico de la idea de un futuro posible, que en estos casos suele ser mucho más realista y, por eso mismo, más valioso.

Los investigadores también vuelven a casa, pero distintos

Los personajes de los investigadores, que llevan Omar Ayuso y Laia Marull, tampoco se van con un laurel en la mano. Peña describió un cierre que tampoco es optimista, pero sí transformador: aunque cada uno vuelve a su lugar habitual, tanto Claudia como el Suizo les cambiaron la mirada. Es un punto sutil pero importante: la serie no les regala a los protagonistas de ese lado de la ley una victoria espectacular, sino algo más chico y más duradero, una forma nueva de ver el mundo.

  • La miniserie tiene seis episodios y está disponible completa en la plataforma que la emite en Argentina.
  • El libro “El proxeneta”, de Mabel Lozano, es la base de la ficción y se puede leer como complemento del recorrido de los personajes.
  • La dupla Peña-Villanueva viene de “Antidisturbios”, una referencia útil para entender el estilo áspero y dialogado que repiten acá.

Mientras escribo esto pienso en lo difícil que es contar este tipo de historias sin caer en el golpe bajo ni en el sermón, y me parece que Peña y Villanueva lo tienen claro: el sistema está por encima de las personas, y por eso el final no cierra del todo. Queda la sensación de que el tema sigue dando vueltas, igual que en la mesa de mi abuela. La serie invita a quedarse pensando, no a aplaudir y pasar al siguiente título.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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