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VIE, 16 OCT 2026
Economía

El sobreendeudamiento se vuelve regla en los barrios populares porteños: siete de cada diez familias no llegan a fin de mes

Un relevamiento de la UBA y el Movimiento Evita en barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires muestra que la tarjeta dejó de ser un instrumento de consumo para convertirse en una herramienta de supervivencia financiera, con deudas que se renuevan para pagar deudas anteriores.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba · · lectura 3 min
El sobreendeudamiento se vuelve regla en los barrios populares porteños: siete de cada diez familias no llegan a fin de mes

El primer dato golpea antes que cualquier análisis: siete de cada diez hogares consultados en barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires tienen deudas activas, un nivel de endeudamiento que deja de ser una excepción estadística para transformarse en la regla con la que esas familias organizan su economía cotidiana. La cifra, que surge de un trabajo conjunto entre el Observatorio de Economía Popular, Social y Solidaria de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y el Movimiento Evita, retrata una realidad en la que el crédito dejó de ser un puente hacia el consumo y se convirtió en una herramienta permanente para sostener la subsistencia.

El dato más elocuente del estudio es el que muestra hasta qué punto se retroalimenta el circuito de la deuda: el 71,3% de quienes utilizan tarjetas de crédito pidió dinero prestado específicamente para cancelar los saldos pendientes de esas mismas tarjetas. Es decir, la mayoría de las familias que se endeudan con plásticos no lo hace únicamente para comprar, sino también para pagar lo que ya debía, una mecánica que convierte a cada vencimiento en el punto de partida de un nuevo compromiso financiero.

Dos herramientas, una sola trampa

Las dificultades para cumplir con los compromisos se repiten en las dos modalidades de financiamiento que relevó el informe. Entre las personas que acumulan deuda de tarjeta, el 56% no está al día con los pagos; en el grupo que tomó préstamos personales, la proporción de quienes registran atrasos trepa al 66%. La diferencia no es menor: quienes recurrieron a dinero prestado directamente suelen estar en una situación aún más comprometida que quienes se financian únicamente con plástico, lo que sugiere que el préstamo personal aparece cuando la tarjeta ya resultó insuficiente.

  • 54% de los hogares endeudó a gastos de salud, incluyendo medicamentos y prácticas médicas.
  • 44% recurrió al crédito para abonar impuestos y servicios como luz, gas o agua.
  • 72% se financia mediante tarjetas, préstamos personales o una combinación de ambos.
  • 50% de las familias endeudadas mantiene simultáneamente compromisos con tarjetas y préstamos personales.
  • 14% tiene únicamente deudas de tarjeta y un 34% solo adeuda préstamos personales.
  • 66% de los hogares relevados cuenta con al menos un integrante con empleo informal.

El detalle de los destinos del dinero prestado revela el perfil de necesidad que motoriza el endeudamiento: la compra de alimentos y medicamentos, el pago de servicios y la cobertura de saldos previos se reparten el grueso de los fondos. La mitad de las familias endeudadas combina tarjetas con préstamos personales, lo que configura un esquema de financiamiento encadenado donde cada nueva deuda se suma a la anterior sin terminar de resolver la anterior.

El contexto laboral completa el diagnóstico: en el 66% de las familias relevadas hay personas con empleos informales, una condición que en la mayoría de los casos implica ingresos inestables, ausencia de cobertura social y la imposibilidad de acceder a líneas de crédito formales en condiciones razonables. Esa informalidad no es un dato de color: es la materia prima con la que se construye el sobreendeudamiento que el estudio pone en evidencia.

El informe no se limita a describir un problema individual de cada familia: muestra un patrón colectivo en el que el crédito ocupa un lugar central en la organización del presupuesto de los hogares más vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires, una ciudad que suele presentarse como un enclave de prosperidad macroeconómica pero donde, en sus barrios populares, la economía familiar funciona sobre la base de promesas de pago que se renuevan mes a mes. La pregunta que deja abierta el relevamiento es la misma que se repite en cada relevamiento sobre desigualdad: en una economía donde los sectores máspostergados recurren al endeudamiento para pagar deudas, quién se queda con la diferencia entre lo que esas familias terminan abonando y lo que recibieron como financiamiento.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba

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