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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Pardo, el paraje donde Bioy Casares escribió "La invención de Morel" entre callejones de tierra y eucaliptus

A 200 kilómetros de Buenos Aires, el pueblo del partido de Las Flores cumple 150 años de la llegada del tren con una fiesta de desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo los días 19 y 20 de septiembre, en un sitio donde todavía se respiran los veranos de Borges, Bioy y Silvina Ocampo.

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Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 5 min
Pardo, el paraje donde Bioy Casares escribió "La invención de Morel" entre callejones de tierra y eucaliptus

El silencio en Pardo es distinto al de cualquier otro pueblo bonaerense. No es ausencia de ruido sino presencia de algo más antiguo: el crujido de los eucaliptus que flanquean las calles sin pavimentar, el ladrido lejano de un perro entre los campos, el viento que entra desde la Ruta Nacional 3 y arrastra olor a tierra mojada después de la lluvia. A 200 kilómetros de Buenos Aires, en el corazón del partido de Las Flores, este paraje de menos de 200 habitantes se prepara para festejar el sábado 19 y el domingo 20 de septiembre los 150 años de la llegada del primer tren, un hito que en 1876 le cambió la fisonomía a la pampa profunda y que sigue siendo, todavía hoy, la razón principal por la que existe un pueblo en ese sitio.

En menos de doscientos metros cuadrados de adobe y chapa, el Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares custodia la memoria escrita de uno de los escritores más singulares del siglo XX argentino. El edificio es la antigua estación del ferrocarril, inaugurada el 18 de septiembre de 1876, que sobrevivió al cierre del servicio y hoy guarda fotografías, libros, documentos y objetos personales del autor de "La invención de Morel". Entre los papeles más delicados se conservan los registros del casamiento de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940, un detalle que conecta la vida privada del escritor con la vida pública de un pueblo que lo adoptó como propio.

Una historia que arranca con un francés y una pulpería

Para entender por qué Borges, Bioy y Silvina Ocampo eligieron Pardo como refugio veraniego hay que retroceder casi un siglo antes de la estación. En 1835, cuando todavía no había cerco ferroviario ni ruta pavimentada, Juan Bautista Bioy, un inmigrante francés avecindado en la zona, le compró un campo a Lino Pardo, el vecino que terminaría dándole nombre al paraje. En esas hectáreas fundó la estancia Rincón Viejo y, a la vera del camino real que con el tiempo se convertiría en la Ruta 3, abrió también una pulpería, que era a la vez almacén, boliche y punto de encuentro de los paisanos de la región.

Décadas después, el nieto de aquel francés, ya convertido en Adolfo Bioy Casares, empezó a pasar los veranos en Rincón Viejo junto a Silvina Ocampo. Jorge Luis Borges llegaba de visita y también lo hacía Victoria Ocampo, fundadora de la revista Sur y figura clave de la vida cultural porteña de mediados del siglo XX. En esas jornadas rurales, entre mate, lecturas y caminatas por el casco de la estancia, tomaron forma algunas de las páginas más recordadas de la literatura argentina. Bioy comenzó a escribir en Pardo "La invención de Morel", publicada en 1940, y Borges dejó constancia del lugar en su cuento "El Sur".

“Silvina Ocampo, que hasta entonces se dedicaba principalmente a la pintura, empezó a escribir en Pardo; ese ambiente rural aparece en "Viaje olvidado" (1937) y en "Autobiografía de Irene" (1948).”Archivo Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares

El pueblo que hoy se recorre a pie conserva los tres mojones que ordenan cualquier visita: la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892 y vinculada desde temprano a la familia Bioy; la escuela que lleva el nombre del abuelo francés del escritor; y el Club Unión Deportiva, donde los vecinos se reúnen para los actos comunitarios. Las calles, angostas y de tierra, tienen nombres de árboles, un detalle que parece menor pero que habla de la voluntad de los primeros pobladores por ordenarlo todo con la misma paciencia con la que se planta un monte.

Una fiesta criolla para celebrar los 150 años

La oferta de alojamiento y gastronomía es chica pero crece de a poco, al ritmo de un turismo de campo que no pretende cambiarle el alma al lugar. El bar-pulpería La Vieza Estación, instalado en el predio de una antigua estación de servicio, abre fines de semana y feriados con comidas de olla en invierno, parrilla en verano y opciones vegetarianas. Tiene cuatro cabañas y suma un camping con parador para motorhomes que incluye descarga de aguas negras y grises, una rareza para un paraje tan chico. El Proyecto Yamay ofrece cabalgatas y avistaje de fauna en las estancias vecinas, donde todavía se ven liebres, perdices, zorros y, en las lagunas cercanas, bandadas de patos y garzas que bajan en los meses fríos.

  • Sábado 19 y domingo 20 de septiembre, en el paraje de Pardo, partido de Las Flores, sobre la Ruta Nacional 3.
  • Desfile gaucho con tropillas de la región, baile popular a la noche y almuerzo criollo dominical con show folclórico.
  • Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares en la antigua estación de tren: fotografías, libros, documentos del escritor y registros del casamiento con Silvina Ocampo.
  • Recorrida por la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (1892), la escuela con el nombre del abuelo francés del escritor y el casco de la estancia Rincón Viejo.
  • Alojamiento en cabañas, camping con parador para motorhomes y propuestas de cabalgatas y observación de aves en los campos cercanos.

A la hora de los contrastes, lo que más llama la atención al llegar a Pardo es la diferencia entre lo que cuentan los documentos del museo y lo que se ve al caminar por sus callejones de tierra. Los papeles dicen que por aquí pasaron algunos de los escritores más importantes del siglo XX argentino, que aquí se escribieron páginas decisivas de la literatura fantástica y policial en castellano, que aquí se celebraron casamientos y veranos enteros de trabajo intelectual. Lo que se ve, en cambio, es un pueblo chiquito, ordenado, con casas bajas, gallinas cruzando la calle y un silencio que parece sacado de un cuento del propio Borges. Las dos cosas, claro, son verdad al mismo tiempo, y esa es justamente la rareza que vale la pena venir a comprobar.

El aniversario es, en definitiva, una excusa para que los visitantes se acerquen a conocer un lugar que durante décadas fue poco más que un punto en el mapa y que, de a poco, empieza a recuperar el protagonismo cultural que supo tener. Después de celebrar los 150 años del primer tren, la pregunta que queda dando vueltas es si Pardo logrará sostener ese delicado equilibrio entre memoria literaria, turismo de campo y vida cotidiana sin que ninguna de las tres termine comiéndose a las otras.

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades

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