Polinesia Francesa, el secreto del Pacífico que cautiva a los argentinos que se animan a cruzar el mundo
A 4.500 millas de Panamá y a varias conexiones aéreas de Buenos Aires, un archipiélago de 250.000 habitantes recibe a quienes buscan mar, calma y una cultura que mezcla lo polinesio con lo francés. Un matrimonio argentino que llegó navegando cuenta cómo se vive entre Tahití y Bora Bora.
Cuando uno piensa en destinos exóticos desde la Argentina, la Polinesia Francesa rara vez aparece en los primeros lugares de cualquier búsqueda en internet. Y sin embargo, quienes logran aterrizar en Papeete, la capital de Tahití, terminan quedando atrapados por ese archipiélago de cientos de islas dispersas en medio del océano Pacífico, donde la densidad poblacional es bajísima y el paisaje parece salido de una postal gigante. La cifra lo dice todo: apenas 250.000 personas distribuidas en cinco archipiélagos, lo que ayuda a entender por qué la sensación de autenticidad es casi una constante para el visitante.
Para dimensionar la distancia vale un dato: desde Buenos Aires no hay vuelo directo. La conexión más cómoda hasta hoy pasa por Los Ángeles o por Auckland, en Nueva Zelanda, y eso ya marca el carácter de un viaje que no se hace a la ligera. Quienes van por su cuenta suelen quedarse entre diez días y dos semanas, mientras que los cruceros que recorren el Pacífico Sur suelen incluir Tahití como escala de dos o tres jornadas. En ese tramo del mapa, donde el francés oficia de idioma oficial y el tahitiano se escucha en las calles y los hogares, conviven resorts de lujo sobre pilotes con pensiones familiares económicas llamadas pensions, que suelen incluir desayuno y son una vía accesible para conocer el lado más cotidiano del territorio.
La historia de Constanza y Juan Manuel: 4.500 millas a vela desde Panamá
Hace casi dos años, una pareja argentina se convirtió en testigo privilegiado de ese mundo. Constanza Coll y Juan Manuel Dordal partieron desde Panamá a bordo de su velero y navegaron 28 días seguidos, sin tocar tierra, hasta alcanzar las islas de la Sociedad, un recorrido de unas 4.500 millas náuticas que les cambió la vida. Hoy están instalados en el archipiélago junto a sus dos hijos y una perra, y reciben huéspedes a bordo mientras navegan entre Tahití, Moorea, Huahine, Raiatea y Bora Bora. La descripción que hacen del lugar es breve y concreta: "Es uno de los lugares más bellos que conocimos, y es perfecto para la vida a bordo", me dijo Juan Manuel en una de las tantas conversaciones que mantuvimos a lo largo de estos meses, mientras me detallaba las rutinas en una caleta cualquiera de Raiatea.
La gastronomía diaria, según me contaron, es otro de los grandes atractivos. En los paseos por los pueblos se consigue poisson cru, el plato emblema: pescado crudo marinado en leche de coco y limón, acompañado de arroz o taro. También es habitual la fruta del pan, el ñame, el papaya y, por supuesto, el atún fresco que los pescadores locales ofrecen al amanecer en los mercados. A esa mesa se suma la influencia francesa, que se nota en panes, quesos, vinos y pasteles que se consiguen tanto en Tahití como en las islas vecinas.
Cómo moverse entre Tahití, Moorea y Bora Bora
- El ferry entre Tahití y Moorea es la forma más rápida y barata: tarda menos de 30 minutos y funciona varias veces por día, con tarifas que arrancan en torno a los 20 dólares por tramo.
- Air Tahiti opera vuelos internos hacia Moorea, Huahine, Raiatea y Bora Bora, con conexiones diarias y precios que van de los 80 a los 250 dólares según la ruta y la anticipación.
- Los cruceros de marcas como Windstar, Paul Gauguin y Ponant ofrecen itinerarios de entre siete y catorce noches que recorren las islas de la Sociedad y suelen incluir atolones remotos.
- Para una experiencia más inmersiva se puede contratar una semana en velero privado con tripulación local, una opción que la propia pareja argentina ofrece y que permite fondear en bahías que no figuran en ninguna guía.
- Entre mayo y octubre, la ventana seca del año, las temperaturas se mantienen templadas y las lluvias aparecen con menos frecuencia, lo que convierte a ese período en la mejor recomendación de temporada para quienes quieran pensar el viaje con tiempo.
“Acá se come pescado que se saca del agua a la mañana, se nada con delfines entre islas y se duerme mirando estrellas que en la ciudad ya no se ven. Eso es lo que termina enganchando a la gente.”Constanza Coll, navegante argentina instalada en las islas de la Sociedad
El presupuesto para una semana, sin contar los vuelos internacionales, arranca en torno a los 1.500 dólares por persona si se eligen pensions y ferrys, y puede escalar hasta los 8.000 o 10.000 dólares si se opta por resorts sobre el agua en Bora Bora, una de las mecas de las lunas de miel en el Pacífico Sur. En cualquiera de los casos, la recomendación llega siempre de boca de quienes viven allí: reservar con varios meses de anticipación, llevar efectivo en francos CFP y tomarse al menos un día entero para caminar por Papeete o subir a algún mirador de Moorea. A más de 8.000 kilómetros de Posadas, en línea recta y sin escalas como ellos llegaron, este rincón del mundo se transforma, para quienes se animan, en una de esas travesías que se cuentan una y otra vez cuando se vuelve a casa.
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