Roblox cumple veinte años y abre un debate que excede la pantalla: qué saber antes de prohibir o dejar entrar
La divulgadora Julieta Schulkin recorrió el funcionamiento interno de la plataforma y advierte que muchas familias la condenan o la habilitan sin comprender su economía virtual, sus códigos sociales ni las herramientas de configuración que ya están disponibles.
El aniversario de Roblox volvió a poner sobre la mesa una discusión que las familias argentinas suelen resolver a los apurones: dejar entrar o directamente prohibir. Lo que aparece en cada teléfono, cada tablet y cada computadora hogaree el patio digital más poblado por chicos y chicas de entre siete y quince años, un territorio que aloja más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y empresas, y que por eso no admite lecturas simples. La pregunta ya no es si los chicos van a entrar, sino con qué información lo hacen los adultos responsables de acompañarlos.
La periodista y divulgadora Julieta Schulkin dedicó una investigación completa a desarmar el funcionamiento de la plataforma y la conclusión que repite es incómoda para los dos lados del debate. "Hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien", señaló. Su planteo apunta a un dato que suele quedar afuera de la conversación: si un chico no puede usar Roblox, lo más probable es que migre a otra plataforma de diseño similar, con controles parecidos y, en muchos casos, con menos supervisión.
Una economía interna que replica las clases sociales
Uno de los aspectos menos visibles para los adultos es la economía que funciona adentro. Roblox opera con una moneda propia, los Robux, que se compran con dinero real y permiten acceder a indumentaria para el avatar, mascotas virtuales y servidores privados. Se puede jugar sin gastar un peso, pero la plataforma ofrece beneficios concretos a quienes tienen Robux o acumulan recompensas tras muchas horas de juego. Schulkin lo describe con una comparación deliberadamente fuerte: adentro del entorno digital se reproduce la estructura de clases sociales del mundo físico, porque se nota quién invirtió dinero real y quién no.
El segundo punto que las familias tienden a subestimar es la dimensión social. Los usuarios pueden seguir a otros, sumar seguidores y armar grupos de amigos, mientras la plataforma recomienda juegos según lo que juegan los contactos del menor. Esa lógica emparentada con las redes sociales convive con el discurso oficial de la empresa, que insiste en presentar a Roblox como un juego y no como lo que efectivamente termina siendo para millones de chicos: el reemplazo del patio, de la plaza y de la esquina del barrio, esos lugares donde se aprende a convivir sin pantallas de por medio.
Qué controles conviene revisar antes de dejar entrar
Entre los riesgos más serios figura la posibilidad de que un adulto contacte a un menor con fines de grooming, una amenaza real y documentada dentro de la plataforma. Schulkin no propone el rechazo automático sino la configuración activa como primera línea de defensa, y enumera al menos tres medidas que cualquier familia puede aplicar sin pagar ni descargar nada extra. Primero, ajustar los controles de privacidad para que la cuenta no sea visible públicamente. Segundo, definir con claridad quién puede chatear con el menor y bloquear el contacto con desconocidos. Tercero, habilitar las restricciones de contacto dentro del menú de seguridad y revisarlas cada cierto tiempo porque la plataforma actualiza sus opciones con frecuencia.
“Una buena configuración no convierte a Roblox en un espacio inocuo, pero le saca a los adultos la ilusión de que alcanza con decir que no, sin discutir antes qué pasa adentro y por qué los chicos eligen quedarse.”Julieta Schulkin, periodista y divulgadora
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