Seychelles en clave práctica: vuelos, presupuesto y los lugares que no conviene perderse en el Índico
Tortugas gigantes, playas de granito y un bosque declarado Patrimonio de la Humanidad. Cómo moverse entre Mahé, Praslin y La Digue y cuánto cuesta cada actividad.
Seychelles queda a unos 1.500 kilómetros de la costa de Kenia, en pleno océano Índico, y reúne en un mismo archipiélago playas de granito antiguo, un bosque que la Unesco considera Patrimonio de la Humanidad y tortugas gigantes que cruzan los caminos. Casi la mitad del territorio es reserva natural, algo que se nota desde el primer día. Hay vuelos de conexión desde Buenos Aires, así que el viaje es largo pero no complicado si se planifica con tiempo.
Mahé, la puerta de entrada
Mahé es el punto obligado de llegada, porque allí funciona el aeropuerto internacional y también Victoria, una de las capitales más pequeñas del mundo, que se recorre en una mañana. El mercado central merece una visita, sobre todo los sábados, cuando los pescadores acomodan atunes, pargos y pulpos desde temprano y los puestos de canela, vainilla y especias llenan el aire de aroma.
Montaña, playas y producción local
El Parque Nacional Morne Seychellois ocupa buena parte del interior de la isla y llega a los 905 metros de altitud. La caminata a Copolia dura algo más de una hora y termina en una cúpula de granito, con plantas carnívoras en las grietas y una vista panorámica al mar. En la costa, Beau Vallon, al norte, tiene buena gastronomía cerca; Anse Intendance, al sur, presenta oleaje fuerte; y Anse Takamaka se destaca por estar entre árboles.
- Fábrica de té de Morne Blanc: alrededor de 3,50 dólares.
- Destilería Takamaka, con degustación de ron artesanal: 9 dólares.
- Excursión que combina ambas visitas: unos 200 dólares por persona.
Una cocina que mezcla al Índico
La mesa local combina influencias de todo el océano. Aparecen el curry de pulpo en leche de coco, el pescado con salsa criolla de tomate, cebolla y jengibre, la ensalada de palmito y el ladob, una banana cocida en leche de coco con azúcar y vainilla. Para entender este recetario, el mercado de Victoria es el mejor punto de partida.
Praslin y La Digue, los otros dos focos
Praslin se alcanza en quince minutos en avioneta, desde 120 dólares por tramo, o en una hora en catamarán, desde 65 dólares. Su gran atracción es el Vallée de Mai, un bosque de 19 hectáreas declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983, donde crece la palma de coco de mar, cuya semilla puede pesar hasta 25 kilos. La entrada cuesta 31 dólares. Allí también están Anse Lazio, de arena fina y granito rosado, y Anse Georgette, de acceso controlado y menor afluencia. La Digue, a quince minutos en ferry desde Praslin, tiene apenas diez kilómetros cuadrados y casi no circulan autos. Las bicicletas se alquilan desde 7 dólares y permiten llegar a Anse Source d'Argent.
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