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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Toto tiene nueve años, un delantal de MasterChef y un país entero gritándole en la pantalla

El nene que se quiebra en vivo después de su primer episodio en MasterChef Junior, la montaña de hate que le cayó encima y la pregunta de fondo que nadie quiere hacerse: ¿qué estamos haciendo con los pibes que ponemos en televisión?

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Toto tiene nueve años, un delantal de MasterChef y un país entero gritándole en la pantalla

Vayan mis recuerdos a esa abuela de la colonia que, cada vez que un nene lloraba en la mesa, repetía la misma frase con esa mezcla de sentido común y popular que heredó de su propia madre: 'A los chicos no se les toca, mi hija, que son de cristal, y cuando se rompen no se vuelven a pegar igual'. Bueno, esa frase me vino a la cabeza entera, como una estampita, mientras miraba el video que grabó Toto, nueve años, delantal blanco, ojos irritados de tanto contener el llanto, y le hablaba no a un amigo, no a un familiar, sino a un país entero que le estaba cayendo encima por un plato de hamburguesas mal evaluado en el primer episodio de MasterChef Junior. Yo me quedé mirando la pantalla con esa sensación rara que me dejan ciertas cosas, una mezcla de bronja y de ternura, y me dije: che, esto hay que contarlo despacio, hay que ponerlo sobre la mesa y hay que preguntarnos en voz alta qué nos pasa como sociedad que un pibe de nueve años tiene que pedir disculpas públicas porque un jurado le marcó un plato y un grupo de adultos decidió escracharlo en redes.

La cocina, el llanto y la montaña de hate

Para el que no vio el programa y llegó acá directo, vale la pena contar el galpón antes que el churrasco: MasterChef Junior es una cocina enorme, plagada de luces frías y cámaras que te miran como ojos de búho, donde un jurado integrado por cocineros con buen diente y peor cara de exigente evalúa platos de chicos de entre nueve y doce años. En el debut de la nueva temporada, el equipo de Toto y Ámbar -los dos de nueve, los dos con cara de estar viviendo la aventura más grande de su vida- presentó una hamburguesa que no convenció. Cuando el jurado les marcó el error, Toto, en un gesto que los padres describen como de honestidad más que de delación, mencionó que su compañera había preparado el plato. Ámbar se quebró en llanto, las cámaras registraron esa quiebra con esa morbosidad que tiene hoy la televisión cuando huele sangre, y a partir de ahí se armó el fenómeno.

Lo que pasó después es lo que a mí, como periodista y como persona, me revuelve el estómago: Toto no maneja redes sociales, son sus padres los que le administran un perfil creado a cuenta gotas para el programa, y él, inocentísimo, pidió ver la 'repercusión de su debut'. Quería leer mensajitos lindos, quería ver dibujitos de corazoncito y emojis de fueguito, quería sentirse el campeón. Lo que encontró fue un baldío de hate, una catarata de comentarios destrozándolo, tratándolo de traidor, de mala persona, de 'nene anticuidado', y decidió, con una madurez que un pibe de nueve años no debería tener que tener, grabar un video para responder.

“Me están heateando y la verdad que me está afectando mucho. Yo ya le pedí disculpas a Ámbar, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona.”Toto, en el video que subió la familia a redes

Yo lo vi tres veces, porque una vez no te entra, te lo juro. El nene llora, se seca los ojos con la manga del buzo, hace un gesto con los dedos para indicar que detrás de la pantalla hay un cuerpo, una historia, una familia, y entonces aparece la palabra 'persona', esa que muchos trolls se olvidan que existe cuando se esconden atrás de un nickname. La madre, que salió a hablar con mucha templanza, aclaró que Toto tiene Altas Capacidades Intelectuales, que esa condición sumada a los nervios del debut y a la presión del formato lo llevó a conducirse como se lo vio, y reveló un dato que a mí me partió por la mitad: en privado, antes incluso de que se emitiera el capítulo, Toto ya le había pedido disculpas a Ámbar abrazándola mientras ella lloraba, algo que -dijo la madre con un dolor que se le filtraba entre las líneas- 'eso no lo mostraron'.

La pregunta que sobrevuela la sartén

Queda flotando en el aire una pregunta que me parece que esta nota tiene que hacerse cargo porque no la va a hacer nadie en tu nombre: ¿dónde está el límite entre opinar sobre un programa de cocina y atacar a un nene que recién está dando sus primeros pasos frente a una cámara? Yo creo, y lo digo con la honestidad que me caracteriza, que ese límite se cruzó hace rato, que lo cruzamos todos un poquito cuando festejamos el escrache como si fuera un deporte federal, y que reconstruirlo va a llevar más que un pedido de disculpas en una story de Instagram. Va a llevar que los grandes -programadores, canales, publicistas, plataformas- dejen de tratar a los chicos como productos y empiecen a tratarlos como lo que son: personas de cristal, como decía mi abuela, a las que no se les toca.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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