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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Un ginkgo y tres vidas: la película de Enyedi que teje memoria, plantas y paciencia

La realizadora húngara Ildikó Enyedi vuelve con una película de ritmo lento que cruza tres épocas y tres personajes a partir de un solo árbol. Tony Leung, Léa Seydoux y Luna Wedler encabezan un reparto que mira al mundo vegetal para preguntarse por lo humano.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Un ginkgo y tres vidas: la película de Enyedi que teje memoria, plantas y paciencia

Arrancamos con una frase que me resuena cada vez que alguien me pregunta por qué sigo yendo al cine: "las plantas no tienen prisa y, sin embargo, no se quedan atrás". Lo dijo una vez una abuela de la colectividad japonesa de Belgrano mientras podaba un jazmín, y me parece la mejor manera de entrar a "El amigo silencioso", la película de Ildikó Enyedi que llega a la cartelera local con Tony Leung, Léa Seydoux y Luna Wedler como nombres más visibles de un reparto pensado para habitar tres épocas distintas.

Un ginkgo en el jardín botánico

Antes que cualquier personaje, hay que describir el escenario. Imaginen un jardín botánico dentro de una universidad alemana, con senderos de grava, bancos de madera oscurecida por la lluvia y un ginkgo en el centro, ese árbol con hojas en forma de abanico que parecen abanicos amarillos en otoño. Ese árbol, que ya existía antes de que la película empezara y seguirá ahí después de que termine, es el verdadero protagonista y el punto de encuentro de las tres historias que se cruzan en "El amigo silencioso".

La narración se distribuye en tres años concretos: 1908, 1972 y 2020. No hay un protagonista que atraviese las décadas, sino tres personajes distintos que, sin saberlo, comparten el mismo ginkgo. La película toma casi dos horas y media para contar lo que le pasa a cada uno, con un ritmo que pide del espectador algo que hoy escasea: paciencia para mirar.

1908: fotografía y patrones de hojas

En el tramo de 1908 conocemos a la primera estudiante universitaria de la historia, una joven que se obsesiona con los patrones de las plantas antiguas y los cruza con la fotografía, una disciplina que en esa época todavía se parecía más a un experimento de laboratorio que a un arte. Su historia habla del momento en que aprender a mirar deja de ser un pasatiempo y se convierte en una forma de entender el mundo.

1972: un estudiante y sus geranios

El episodio de 1972 es el más entrañable, al menos para mí. Un estudiante recibe el encargo de cuidar geranios en el jardín botánico y, mientras los riega, los poda y los mira crecer, va cambiando también él. La relación con las plantas pasa por el trabajo manual y por una conexión silenciosa que la película muestra sin subrayados, como quien aprende a cuidar algo y, de paso, aprende a cuidarse.

2020: neurociencia y un científico de Hong Kong

La tercera historia nos lleva a 2020, con un neurocientífico de Hong Kong que trabaja con bebés y con el ginkgo en experimentos que mezclan percepción, memoria y mundo vegetal. Tony Leung le pone el cuerpo y la mirada a este personaje, en una actuación contenida que dialoga con el resto del elenco internacional, donde también aparecen Léa Seydoux y Luna Wedler, además del actor germano-español Albrecht Schuch.

La firma de Enyedi

Ildikó Enyedi escribe y dirige la película, y se nota. La realizadora húngara, nominada al Oscar por "En cuerpo y alma", tiene una obsesión honesta por los cuerpos, por los tiempos lentos y por esas conexiones mínimas que sostienen la vida cotidiana. Aquí elige las plantas como excusa para hablar de lo humano, sin moralinas, sin golpes bajos, con la misma delicadeza con la que se poda un rosal.

  • Estreno en cines argentinos con distribución local.
  • Duración aproximada: dos horas y media.
  • Reparto principal: Tony Leung, Léa Seydoux, Luna Wedler y Albrecht Schuch.
  • Dirección y guion: Ildikó Enyedi.
  • Tres líneas temporales: 1908, 1972 y 2020.
  • Protagonista compartido: un ginkgo del jardín botánico.

Yo salí del cine con la sensación de haber visto algo que no se parece a casi nada de lo que se estrena hoy: una película que confía en el espectador, que no le explica todo y que, justamente por eso, lo deja pensando. Si te gustan los relatos con ritmo de paseo por un jardín, esta es de las que vale la pena ver en pantalla grande, con pochoclo a un lado y mate al otro, y después tomarse un café tranquilo mientras se le baja.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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