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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Volver a moverse sin lesionarse: las claves que un kinesiólogo recomienda para retomar el entrenamiento

Emiliano Gallegos sostiene que el regreso a la actividad física exige planificación, técnica y un repaso de los hábitos cotidianos, porque hacer deporte no borra las horas que se pasan sentados

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Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 3 min
Volver a moverse sin lesionarse: las claves que un kinesiólogo recomienda para retomar el entrenamiento

En la sala de kinesiología, el consultorio suele recibir a personas que llegan con la misma convicción, la de creer que entrenando un rato compensan las muchas horas que permanecen sentadas, y sin embargo ese razonamiento es el que el kinesiólogo Emiliano Gallegos puso en cuestión al remarcar que, en la práctica, muchas de esas personas son sedentarias que hacen deporte, una distinción que no apunta a desalentar la actividad física sino a ampliar la mirada sobre cómo se distribuye el movimiento a lo largo de la jornada.

El sedentarismo que se arrastra fuera del entrenamiento

El planteo del especialista atraviesa tanto la decisión de retomar el ejercicio como los hábitos que se sostienen por fuera de ese rato de entrenamiento, porque para quienes trabajan ocho horas frente a una pantalla o detrás de un escritorio, el problema no se resuelve únicamente con una hora en el gimnasio, sino que se completa con pequeñas interrupciones que corten el tiempo prolongado en posición sentada, una idea que Gallegos tradujo en recomendaciones muy concretas como subir escaleras en lugar de tomar el ascensor, aprovechar los minutos que lleva preparar un café para realizar algunas sentadillas o sumar cualquier movimiento cotidiano que rompa la quietud, con el objetivo de agregar oportunidades de moverse durante el día y no depositarlas todas en un único bloque.

“Lo fundamental es hacer una evaluación, preguntar por los hábitos y, a partir de eso, planificar”Emiliano Gallegos

La planificación como punto de partida

Antes de cargar la mochila con el kit de entrenamiento o de calzarse las zapatillas con el impulso propio de la motivación estacional, Gallegos ubicó a la evaluación como paso ineludible, ya que conocer los hábitos de cada persona permite diseñar una práctica ajustada a su realidad, tanto en frecuencia como en intensidad, lo que derivó en su consejo de sostener alrededor de tres entrenamientos por semana, una pauta compatible con la vida adulta y que deja margen para la recuperación, sobre todo cuando se vuelve a la actividad luego de un período de pausa o cuando se lo hace pensando en un objetivo estético de cara al verano.

La técnica por encima de la carga

La presión por conseguir resultados rápidos suele empujar a intensificar el trabajo antes de tiempo, y frente a esa tentación el kinesiólogo advirtió que las estructuras corporales necesitan un proceso de adaptación a las cargas que no se puede saltear, por lo que sugirió iniciar con ejercicios básicos e ir subiendo la dificultad de manera progresiva, una lógica que lo llevó a poner el acento en la ejecución correcta del movimiento antes que en el peso que se levanta, ya que según explicó, la cantidad que se mueve queda subordinada a la forma en que se la mueve, porque un ejercicio bien ejecutado protege de lesiones y permite avanzar de manera segura, mientras que una carga excesiva mal ejecutada termina interrumpiendo la rutina antes de tiempo.

  • Empezar con ejercicios básicos y avanzar de forma gradual
  • Priorizar la técnica del movimiento por encima de la carga
  • Entrenar alrededor de tres veces por semana
  • Incorporar pausas activas y movimiento cotidiano fuera del entrenamiento
  • Cerrar cada sesión con estiramientos como vuelta a la calma

Una rutina que contemple el ritmo de cada persona

En la organización de la práctica, Gallegos mencionó la conveniencia de elegir ejercicios adecuados al nivel de quien entrena, algo que no significa restringir la ambición sino respetar el punto de partida de cada cuerpo, ya que la progresión se construye con paciencia y con conciencia, una filosofía que se completa con la vuelta a la calma al finalizar cada sesión a través de estiramientos que ayudan a recuperar la musculatura y a reducir la sensación de agarrotamiento del día siguiente, en un equilibrio donde el entrenamiento se combina con un estilo de vida más activo y donde la técnica se entiende como la llave que sostiene la continuidad en el tiempo, lo que deja abierta la pregunta sobre qué lugar termina encontrando, en definitiva, la actividad física dentro de una rutina que aún admite tantas horas sentadas.

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades

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