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JUE, 27 AGO 2026
Tecnología

Bill Gates advierte que la inteligencia artificial puede ser el gran equalizador del siglo o dejar a medio mundo afuera del juego, y dice que todavía no hay plan

En una larga entrada de su blog, el fundador de Microsoft volvió a poner la IA en el centro del debate y planteó que el resultado depende de cómo se gestione la transición. Repasó los riesgos laborales, los daños directos y el impacto en el desarrollo humano, pero también dejó abierta la puerta a usos concretos en salud, educación y servicios públicos.

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Romina CabralCultura y espectáculos · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
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A mí, la verdad, esta clase de avisos me suenan a esas frases que dejaba mi abuela colgadas en la puerta de la cocina cuando se avecinaba una tormenta: "Mucho ruido y pocas nueces, ya va a pasar". Pero cuando el que habla es Bill Gates, uno se toma el tiempo de escuchar dos veces, aunque sea para después discutirlo de parado en la puerta del kiosco. Lo que el fundador de Microsoft escribió esta semana en su blog personal es, en pocas palabras, una advertencia con forma de bifurcación: la inteligencia artificial puede convertirse en el instrumento de equidad más grande de la historia o, si nadie la ordena, en la fábrica de injusticias más grande que hayamos visto. Y él, claramente, no se inclina por ninguno de los dos extremos: dice que el resultado depende de las decisiones colectivas que se tomen en los próximos años, que es una forma elegante de decir que la pelota todavía la estamos tocando nosotros.

"No existe ningún plan"

“El desafío es monumental. Incluso en las mejores circunstancias, la transición a esta nueva era de la IA será uno de los periodos más turbulentos de la historia de la humanidad.”Bill Gates, en su blog personal

Esa frase, que parece salida de un guion de cine catástrofe, es en realidad el corazón del planteo de Gates: no hay un plan coordinado para la transición. Y cuando alguien con la trayectoria y el dinero de Gates dice eso en voz alta, conviene prestarle atención, porque no es un debutante en el tema ni un opinador de café. Lo que preocupa al fundador de Microsoft es la velocidad del cambio: la historia muestra que las revoluciones tecnológicas siempre dejaron ganadores y perdedores, pero esta vez, según su mirada, el margen para ir acomodándose de a poco es mucho más chico que en otras épocas, y eso, me parece a mí, es lo que vuelve el debate urgente y no meramente teórico.

Los tres riesgos que señala Gates

  • Destrucción de empleo: Gates anticipa que muchos puestos van a desaparecer de manera permanente, sobre todo los de nivel básico e intermedio en áreas como ventas, atención al cliente, ingeniería de software y asesoría jurídica, donde la velocidad del cambio no deja espacio para adaptaciones graduales.
  • Daños directos facilitados por la tecnología: el fundador de Microsoft menciona fraude, desinformación, falsificaciones digitales conocidas como deepfakes y vigilancia, y advierte que son perjuicios que mucha gente va a sentir en la vida cotidiana, no en un paper académico.
  • Impacto en el desarrollo humano: cita una encuesta según la cual un mayor uso de herramientas de IA se asocia con menor capacidad de pensamiento crítico, con efectos más pronunciados en los más jóvenes, y advierte que la facilidad de interacción con estos sistemas puede terminar reemplazando vínculos humanos fundamentales, sobre todo en la infancia y la adolescencia.

Yo no soy ninguna experta en inteligencia artificial, pero como ciudadana y como madre, ese tercer punto me parece el más inquietante de los tres, y creo que no soy la única que lo siente así. La idea de que un chico pueda preferir preguntarle a una pantalla antes que a su propio abuelo es de las cosas que a mí, personalmente, me sacan el sueño, y celebro que alguien con la visibilidad de Gates lo ponga sobre la mesa sin eufemismos.

La otra cara: dónde la IA puede achicar brechas

Ahora bien, sería injusto quedarnos sólo con el costado alarmista, porque Gates también se toma el trabajo de enumerar usos concretos donde la tecnología puede reducir desigualdades reales, y ahí la cosa cambia de color. En salud, por ejemplo, menciona que muchos hospitales chicos no cuentan con especialistas disponibles durante una emergencia, y que la IA puede cubrir ese bache. También habla del potencial de la tecnología para mejorar el acceso a conocimiento en regiones con pocos recursos, para asistir a personas con discapacidad y para hacer más eficientes servicios públicos que hoy están desbordados o directamente no existen. En definitiva, lo que el fundador de Microsoft plantea es que la herramienta en sí no es ni buena ni mala: lo que va a definir su huella es la decisión política, económica y social que tomemos como sociedades, y eso, queridos lectores, es algo que no se delega en un algoritmo por más potente que sea.

Mientras tanto, el debate sigue abierto y la transición, como diría mi abuela, ya está entre nosotros: pasa que ahora no hace falta mirar al cielo para ver la tormenta, basta con abrir el celular.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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