El parador nocturno de Neuquén se reinventa: del abrigo de invierno a un dispositivo de reinserción todo el año
Atendió a 400 personas en dos meses y ahora apuesta a un esquema por etapas con foco en empleo, familia y salud, inspirado en la experiencia de Ciudad Oculta.
Son las siete y media de la tarde y la Catedral María Auxiliadora empieza a poblarse de siluetas conocidas. Algunos llegan con bolsas, otros con frazadas al hombro, todos con la misma pregunta dibujada en la cara: si esta noche habrá lugar. Acá en el sur, en Neuquén, el parador nocturno para personas en situación de calle dejó de ser un experimento de temporada y se convirtió, en apenas dos meses, en una herramienta que cambió la manera en que la ciudad mira a quienes duermen a la intemperie. Nosotros, los que pasamos a su lado cada día, empezamos a entender que el problema no se resuelve solo con una cama caliente cuando hace frío.
La cifra habla por sí sola: 400 personas atendidas entre julio y principios de septiembre, con un promedio de 100 asistentes por noche y picos de hasta 120. El dato fue confirmado por los equipos que llevan adelante el dispositivo y cruzado con el Registro Nacional de las Personas, que arroja un perfil muy claro: el 92 por ciento son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en Neuquén capital. O sea, no estamos hablando de gente de paso, sino de vecinos que por distintas razones se quedaron sin techo en su propia ciudad.
Un refugio que no cierra cuando llega la primavera
El modelo funciona con criterio de bajo umbral, lo que en la práctica significa que las puertas están abiertas para cualquier persona en situación de vulnerabilidad, más allá de si tiene consumos problemáticos o no. Ese fue el punto de partida y también el que se va a sostener. La novedad es que, con la suba de las temperaturas, el parador no va a cerrar como ocurrió en inviernos anteriores: se reconvierte en un dispositivo por etapas, con niveles de mediano y alto umbral, orientado a que cada usuario avance, a su ritmo, hacia un objetivo concreto: conseguir un trabajo o retomar el vínculo con su familia, y desde ahí acceder a un alquiler o reinsertarse en un entorno familiar.
El rediseño no salió de un escritorio. Dos personas del equipo viajaron dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, para estudiar de cerca cómo trabajan organizaciones con mayor trayectoria en la atención de personas en situación de calle. De esa visita volvió la idea de ordenar la atención en etapas y de sumarle al dispositivo un equipo de salud mental con presencia más fuerte. A partir del nuevo formato se incorporarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y se sumará formalmente el Ministerio de Salud, que hasta ahora participaba por medio de los residentes de medicina general y odontología que ya pasan por el parador.
Cómo funciona hoy y qué cambia con el nuevo esquema
- El punto de encuentro nocturno se traslada a un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde cada persona podrá dejar sus pertenencias antes de subir al transporte hacia el refugio.
- Los usuarios que estén en condiciones de movilizarse por sus propios medios podrán hacerlo sin necesidad del traslado.
- La atención podológica, que se presta todos los miércoles, se mantiene y se refuerza el trabajo de los residentes de medicina general y odontología.
- Se suman grupos terapéuticos con mayor frecuencia, coordinados con psicólogos que ya hacían abordajes individuales.
- Se trabaja de manera articulada con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, para evitar superposiciones y armar itinerarios personalizados.
El acceso es voluntario y eso, dicen quienes están en el territorio, es una de las claves. La persona se acerca a la Catedral María Auxiliadora y desde ahí es trasladada. No hay obligatoriedad ni requisitos excluyentes. Lo que sí hay, una vez adentro, son reglas de convivencia cuyo cumplimiento es condición para seguir en el espacio. Todavía, aclaran los responsables, hay gente que duerme en la calle y no se acerca al parador. Por eso el próximo paso es justamente tender puentes con ese universo que, por ahora, mira desde afuera.
Graciela, que vive en el barrio Cumelén y todas las noches pasa con su perro frente a la Catedral, lo resume con una frase que se repite entre los vecinos: "Mientras haya una cama abierta, hay esperanza". Ella sabe de qué habla: varias veces vio a los mismos rostros volver, noche tras noche, y otras tantas los vio levantarse, conseguir un trabajo, reencontrarse con un hijo. Espera que esta vez, con el nuevo formato, ocurra más seguido. Espera que el refugio no sea el final del camino, sino el principio de otra cosa.
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