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VIE, 04 SEPT 2026
Tecnología

La mañana en que tres cerebros artificiales se quedaron dormidos al mismo tiempo

ChatGPT, Claude y Grok se cayeron en simultáneo durante horas y dejaron a millones de usuarios a oscuras: qué pasó, por qué importa y qué lección nos deja.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · 4 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son las diez de la mañana de un jueves cualquiera y yo estoy acá, en la redacción, con la pantalla en blanco y la cabeza apoyada contra el teclado, esperando que ChatGPT me devuelva una respuesta que no llega. Pasan los minutos. Recargo la página. Nada. Abro Claude: mismo cartel de error. Pruebo Grok, que vive metido adentro de la red social X, y tampoco responde. Es raro, porque estas cosas suelen caerse de a una, no las tres al mismo tiempo, como si a algún técnico enorme se le hubiera caído el café sobre un servidor madre. Esa sensación de quedarte a oscuras en medio de la mañana laboral, con el café a medio tomar y tres ventanas abiertas que no responden, es la postal que se repitió en oficinas, coworkings y mesas de trabajo en Buenos Aires, en Madrid, en Ciudad de México, en Bogotá y en varias ciudades de Estados Unidos.

Qué pasó, en criollo

Las tres plataformas más usadas del mundo para conversar con inteligencia artificial –ChatGPT, de OpenAI; Claude, de Anthropic; y Grok, de xAI, la empresa de Elon Musk– amanecieron con problemas graves y simultáneos. En la práctica, esto significó que la gente no podía iniciar sesión, no podía mandar mensajes y veía pantallas en blanco o mensajes de error cada vez que intentaba hacer una consulta. Las alertas de interrupción, esos dibujitos rojos que aparecen en los sitios que monitorean caídas de servicios en internet, fueron creciendo durante la mañana en Estados Unidos, España, México, Colombia y la Argentina.

El problema no fue estético: fue funcional. OpenAI confirmó por comunicado que había detectado "problemas y errores graves" en su servicio, y que la caída alcanzaba también a Codex, su herramienta para escribir código, y a las aplicaciones móviles. Anthropic, la casa de Claude, reconoció fallas elevadas en distintas versiones de sus modelos, incluido el famoso Opus, sin dar una explicación puntual. Grok, por su parte, registró un pico fuerte de desconexiones que dejó inutilizadas tanto su app independiente como la versión que vive integrada en X, la ex Twitter.

“Yo trabajo con ChatGPT para los textos del colegio y con Claude para las traducciones del estudio. Cuando se cayeron los dos me quedé literally sin herramientas, tuve que volver a googlear todo como en 2010.”Mariela, vecina de Villa Crespo

Acá en el sur del mundo, la mayoría de los reportes que llegaron desde usuarios argentinos apuntaban a los servidores centrales que estas empresas tienen en el exterior. Eso es clave: no fue un problema del tendido de internet local, ni de un corte de luz en un edificio porteño, ni de una pelea entre proveedores argentinos. Fue un terremoto chico pero muy visible en la infraestructura global que sostiene a estos servicios, y que está concentrada en pocos puntos del planeta, sobre todo en Estados Unidos. Cuando esos puntos estornudan, nosotros, lejos y abajo, nos resfriamos.

Por qué este episodio nos tiene que hacer pensar

  • Porque tres servicios distintos, de tres empresas distintas, se cayeron a la vez: eso habla de dependencias compartidas en la nube que no siempre son visibles para el usuario final.
  • Porque cada vez más tareas concretas –redacción, traducciones, programación, atención al cliente, tareas del colegio y la facultad– dependen de estos asistentes. Cuando no están, el día se frena.
  • Porque la infraestructura está concentrada en pocos lugares del mundo y eso nos hace dependientes, incluso en países lejanos como la Argentina, de decisiones y fallas que se toman a miles de kilómetros.
  • Porque las tres compañías reconocieron los errores y empezaron a restaurar de a poco, pero durante varias horas millones de personas trabajaron a ciegas, sin un plan B claro.

Nosotros, los que usamos estas herramientas casi a diario, tendemos a olvidarlas cuando andan bien y a enojarnos cuando se caen, como si fueran parte del paisaje. Pero esta mañana dejó una evidencia incómoda: buena parte del trabajo intelectual y creativo que se hace en una oficina, en un estudio o en una mesa familiar, descansa sobre plataformas que están a merced de un error ajeno, en un datacenter ajeno, atendido por ingenieros ajenos. No hay que volverse paranoico ni correr a borrar todo, pero sí conviene hacerse la pregunta que dejé flotando en el aire y que cualquier equipo serio debería tener respondida por escrito: ¿qué hacemos acá, en concreto, cuando estas herramientas no están disponibles? Esa respuesta, más que el parte técnico de OpenAI, es la que va a marcar cómo seguimos trabajando de acá en adelante.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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