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VIE, 16 OCT 2026
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"Power Ballad": cuando el rockero de bodas le escribe el hit al galán del pop y queda afuera de todo

La película con Paul Rudd y Nick Jonas ya está en HBO Max y abre una pregunta incómoda sobre quién firma la canción cuando el verdadero autor se queda en la banquina.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · · lectura 5 min
"Power Ballad": cuando el rockero de bodas le escribe el hit al galán del pop y queda afuera de todo

Yo siempre digo, como me decía mi abuela cuando alguien se llevaba el crédito por algo en casa: "Mirá, hijo, el que hace el trabajo es el que se levanta con los callos, no el que se saca la foto". Esa frase me volvió a la cabeza mientras veía "Power Ballad", la película que acaba de caer en HBO Max y que en Hispanoamérica se conoce como "Letras robadas", con un Paul Rudd que se pone, por fin, un poco más el overol del músico y un Nick Jonas que se anima a ser la cara bonita del pop internacional. La dirige Carney, con un guion que no inventa nada nuevo pero tiene la inteligencia de pisar justo en una zona que a la industria musical le pica: la autoría de las canciones.

El galpón: Dublín, una banda de casamientos y un rockero con la música atragantada

Antes de que arranque cualquier show, la película se toma su tiempo para mostrarnos el mundo de Rick, el personaje de Rudd. Es un tipo que en otra vida se imaginó encima de un escenario con una guitarra y un público que coreara sus temas, pero la vida le fue dando otra cosa: terminó en Dublín, tocando con una banda que anima bodas con covers de canciones conocidas, de esas que hacen bailar a la tía y al tío borracho después del tercer brindis. El galpón, o mejor dicho el salón de fiestas, está descrito con bastante cariño: hay luces feas, un equipo de sonido que zumba, trajes de todos los colores y un montón de gente contenta que no tiene la menor idea de que el cantante del cumple es un tipo al que le quedó grande el sueño. Esa primera media hora es clave para entender por qué, cuando aparece la oportunidad de escribir con un artista famoso, a Rick se le prende la lamparita pero también se le abre un agujero en el estómago.

El encuentro con Danny, el personaje de Nick Jonas, es de esos choques que el cine americano ya gastó mil veces pero que acá funciona porque los dos actores le ponen piel. Danny es una estrella del pop, juventud, contratos grandes, fans que gritan, managers que miran el reloj. Rick, en cambio, es el artesano, el que sabe de armonías, de letra bien puesta, de coros. Empiezan a escribir juntos y ahí aparece lo mejor de la película: la escena de composición, las pizarras con borradores, las maquetas que se cocinan en una cocina, las discusiones sanas sobre un verso. Carney filma ese proceso casi como un documental, con la cámara cerca, dejándonos ver cómo una idea chica se vuelve canción.

El hit que se llevó el viento

Y acá viene el plot twist que le da título a la película. Una de las canciones que escriben juntos se transforma en un bombazo, suena en todos lados, la canta todo el mundo, pero cuando Rick busca la ficha técnica del tema, su nombre no está. No figurete. La autoría quedó en otro lado, en la gente que maneja al pop star, en el sistema que decide quién firma y quién no, y a Rick lo dejaron afuera del crédito como si fuera uno más del coro de la boda. A partir de ahí la película se corre del tono amable y entra en el terreno del drama, con un Rudd que transmite muy bien esa mezcla de bronca, vergüenza y desazón de alguien que sabe que le robaron pero que no tiene con qué pelearla.

Lo interesante es que "Power Ballad" no se queda sólo en el conflicto legal o en la denuncia fácil. También habla, y bastante, de las aspiraciones personales, de eso de perseguir un sueño y de qué pasa cuando el sueño se te va corriendo de adelante. Rick tiene que decidir si vuelve a cantar sus propios temas en un sótano de Dublín o si se sube al tren de la industria con todas las costuras que eso implica. La comedia aparece en los momentos justos, casi siempre con humor inglés, bien seco, y el drama nunca se vuelve empalagoso. Rudd está muy contenido, lejos del comedia pura que le conocemos, y Jonas sorprende porque se banca el papel de chico lindo con la voz afinada sin caer en la caricatura.

“El rockero de bodas se da cuenta de que el verdadero hit no es la canción que suena en la radio, sino la que escribe a las tres de la mañana en un cuaderno y nadie va a reconocer nunca.”Lectura de la película, oda a los autores sin crédito

Para mí, que vengo siguiendo de cerca las peleas por autoría que se ventilan seguido en la industria, la película funciona como un termómetro. No es un documental ni un ensayo, es una ficción con canciones pegadizas y dos actores carismáticos, pero deja picando una pregunta que en Argentina también está vigente: cuántas veces el verdadero compositor de un tema famoso se quedó cantando en un bar mientras otro figuraba en la tapa de la revista.

Dónde, cuándo y con qué se come

Dónde verla: en HBO Max, ya disponible para la Argentina y la región, con una duración de algo más de una hora y media, ideal para un domingo a la noche. Cuándo: ahora, porque las películas con música y buenas interpretaciones se ven mejor cuando uno está dispuesto a prestar el oído. Y qué se come mientras la ven: si la ven en pareja, lo ideal es pedir una pizza grande de muzza y aceitunas negras, bien a la napolitana, y abrir una botella de malbec joven, de los que todavía tienen la fruta arriba; si la ven solos, un sándwich de milanesa con papas fritas y una cerveza tirada, bien de mostrador, como para hacer justicia al personaje de Rudd. La película se banca las dos opciones. Y de yapa, ya que estamos: ¿qué otras historias sobre el mundo de la música les gustaría ver en el cine? Yo, personalmente, sueño con un biopic bien hecho de algún rockero nacional de los años setenta, pero eso, amigos, es tema para otra nota.

Mientras tanto, "Power Ballad" se anota un poroto: no sólo entretiene, sino que deja pensando sobre algo que la música pop muchas veces oculta detrás del brillo de las luces. Una película chica, bien hecha, con dos protagonistas que se complementan y un director que entiende que, a veces, el conflicto más interesante no está en el escenario sino en la sala de composición, cuando alguien se queda con la firma y otro con la melodía en la cabeza.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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