The Good Place: cuatro temporadas para preguntarnos si todavía estamos a tiempo de ser buenas personas
La serie de Michael Schur convierte el más allá en una comedia filosófica que incomoda, divierte y, sobre todo, deja pensando. Un recorrido por sus 53 episodios, sus dilemas morales y ese elenco que se ganó un lugar en la memoria de quienes la vieron.
Yo te digo una cosa, querido lector: si tu abuela te decía que en esta vida uno cosecha lo que siembra, te estaba dando el puntapié inicial para entender The Good Place sin necesidad de haber abierto un libro de filosofía en su vida. Porque de eso se trata esta serie que Michael Schur concibió como una comedia filosófica disfrazada de sitcom y que, en cuatro temporadas y 53 episodios, terminó siendo una de las propuestas más arriesgadas y queridas de la televisión reciente. La premisa es tan sencilla como demoledora: Eleanor Shellstrop, una mujer que en vida fue claramente egoísta, llega después de muerta al lugar reservado para las buenas personas, y lo sabe. Esa contradicción, esa pequeña gran impostura, es la mecha que enciende todo lo que viene después.
Antes de meternos con Eleanor, vale la pena describir el escenario donde transcurre todo, porque la serie se toma muy en serio el decorado y eso dice mucho de su propuesta. Imaginate un vecindario idílico, de casas prolijas y vecinos amables, donde nadie dice malas palabras y todos se esfuerzan por ser correctos. Ese es el lugar al que llega nuestra protagonista y que, en teoría, debería ser un paraíso. Pero claro, nada es tan sencillo cuando uno sabe que está ahí por error.
“Mi vida en la Tierra estuvo llena de malas decisiones, y sin embargo acá estoy. Algo no cuadra, y ese algo soy yo.”Eleanor Shellstrop, la protagonista que llegó al lugar equivocado por las razones equivocadas
Chidi y la obsesión por hacer lo correcto
Para zafar de su situación, Eleanor busca a alguien que la ayude a aprender a ser una buena persona. Encuentra a Chidi Anagonye, un profesor de filosofía y ética interpretado por William Jackson Harper, un hombre tan obsesionado con tomar la decisión moralmente correcta que le cuesta horrores vivir la vida cotidiana. Chidi le enseña a Eleanor sobre Kant, sobre el utilitarismo, sobre el consecuencialismo y la ética deontológica, mientras la serie se permite traducir esos conceptos a situaciones absurdas que oscilan entre lo cómico y lo profundo. Es un recurso brillante: convertir el aula de filosofía en el motor de la comedia.
El elenco que sostiene el galpón
- Ted Danson como Michael, el arquitecto de ese vecindario celestial, con una energía tan particular que se roba cada escena en la que aparece.
- Jameela Jamil como Tahani, una mujer cuya aparente perfección esconde un mundo de inseguridades y necesidades afectivas que la hacen profundamente humana.
- Manny Jacinto como Jason, el personaje que parece no estar a la altura de los debates filosóficos y que, sin embargo, se convierte en una de las grandes sorpresas entrañables de la serie.
- Kristen Bell como Eleanor, la protagonista absoluta, esa voz que va madurando a lo largo de las cuatro temporadas y que lleva el peso emocional de la historia.
Lo que me parece más lindo de The Good Place, y lo digo como espectadora que se enganchó desde el primer capítulo, es que la serie nunca se queda en la superficie del chiste. Detrás de cada gag sobre el más allá hay una pregunta incómoda sobre cómo vivimos, sobre cuánto pesan las consecuencias de nuestros actos y, lo más difícil de todo, sobre si realmente podemos cambiar como personas. Esa pregunta sobre la posibilidad de modificarnos es, a mi criterio, el corazón que late en cada temporada. Y la serie no la responde con sermones ni con moralejas edulcoradas, sino con situaciones tan ridículas como conmovedoras, donde uno termina riéndose y reflexionando casi sin darse cuenta.
A lo largo de sus cuatro temporadas, la ficción incorpora giros que cambian las reglas del juego y obligan a los personajes a replantearse todo lo que creían saber sobre su nueva realidad. Aparecen criaturas fantásticas, situaciones imposibles y debates sobre Kant que conviven con chistes físicos y diálogos ágiles. La pérdida, el paso del tiempo y los vínculos que se construyen entre los protagonistas se vuelven temas tan centrales como las discusiones filosóficas, y eso le da a la serie una densidad emocional que la separa de otras comedias del género. Cuando uno termina de verla, lo que queda no es la respuesta a un dilema, sino la necesidad de seguir pensándolo.
Dónde, cuándo y qué se come
Si te dieron ganas de sumarte o de revisitarla, The Good Place está disponible en plataformas de streaming y fue emitida originalmente entre 2016 y 2020. Para maratonear las cuatro temporadas lo ideal es armarse un sillón cómodo, una buena manta, y prepararse un banquete que mezcle cosas ricas y variadas, porque en el vecindario de la serie la gastronomía es parte del paisaje. Yo te sugiero unas empanadas de carne cortada a cuchillo, unas pizzas bien a la argentina con muzza y jamón, y algo dulce para el final, como una chocotorta o unas facturas con dulce de leche. Y si podés compartirla con alguien que te acompañe a discutir cada dilema, mejor todavía. Porque, como nos enseñó Chidi, pensar en compañía siempre suma.
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