Un hotel en Recoleta que se reinventa a partir del vino, la madera y la herencia mendocina
A pasos de la avenida Alvear, un emprendimiento de la familia Catena abrió sus puertas hace más de una década y acaba de ubicarse entre los veinte mejores alojamientos de América del Sur según los lectores de una publicación internacional. Bañeras únicas, una cava con casi trescientas etiquetas y una huerta propia en el subsuelo son parte de su identidad.
La entrada ya anticipa de qué se trata el lugar. Sobre la avenida Quintana, en pleno corazón de Recoleta, una puerta de seis metros de madera de roble francés construida con los toneles que alguna vez contuvieron vino espera a los visitantes con un peso suficiente como para que haga falta ayuda para abrirla. Del otro lado se despliegan veintinueve habitaciones distribuidas en distintas categorías, ninguna igual a la de al lado, en un edificio que trabaja desde hace más de una década en torno a la cultura vitivinícola argentina.
El emprendimiento fue fundado a comienzos de la década del dos mil diez por integrantes de la familia Catena, una de las más reconocidas del vino mendocino, y eligió deliberately un punto estratégico: a metros de la avenida Alvear, en una zona donde conviven palacios, embajadas y los hoteles más tradicionales de Buenos Aires. Esa decisión geográfica no estuvo reñida con una propuesta estética que buscó diferenciarse desde el primer momento, apoyándose en materiales nobles y en piezas únicas que dialogan con la industria del vino.
Habitaciones hechas a medida y una cueva en miniatura
Las bañeras fueron talladas en Mendoza a partir de una sola pieza de madera y, como aclara la propia administración, no existen dos con la misma forma. En el piso doce, dos dúplex cuentan con terraza propia con vista hacia la Basílica del Pilar, mientras que las habitaciones del sexto piso suman sauna seco privado. Desde mayo de dos mil veintiséis el hotel avanza en una reforma piso por piso que, según sostienen sus responsables, procura mantener la estética que lo caracteriza sin resignar confort ni identidad.
En el centro del bar de vinos, bautizado Verdot, funciona una cava climatizada de cuatro metros de largo por tres de alto que atesora cerca de trescientas etiquetas procedentes de Mendoza, Salta, San Juan, la Patagonia y La Rioja. El espacio ofrece catas guiadas por sommeliers, tanto en modalidad privada como para grupos de hasta cincuenta personas, y abre sus puertas de mediodía a medianoche, configurándose como una de las piezas más visitadas del recorrido por el establecimiento.
- Una puerta de seis metros construida con toneles de roble francés que alguna vez contuvieron vino.
- Veintinueve habitaciones sin replicar, con bañeras talladas en una sola pieza de madera en Mendoza.
- Una cava climatizada con cerca de trescientas etiquetas de cinco regiones vitivinícolas argentinas.
- Una huerta propia en el subsuelo que abastece parcialmente a la parrilla Rufino.
- Un spa en el piso ocho con pileta climatizada, sauna seco, sauna de vapor y sala de masajes.
Gastronomía, cócteles y un spa con vista
La propuesta gastronómica se completa con Rufino, una parrilla que funciona únicamente durante la cena y que se abastece en parte de una huerta ubicada en el propio subsuelo del edificio, un detalle que refuerza la búsqueda de trazabilidad corta y de materia prima estacional. La carta de cocina está a cargo de un especialista en cocina patagónica, en tanto que la de tragos la firma el bartender de Florería Atlántico, un bar porteño que integró el ranking mundial de los cincuenta mejores del mundo y que aporta una mirada de autor a la coctelería del lugar.
En el piso ocho funciona un spa con pileta climatizada, sauna seco y de vapor, además de una sala de masajes, mientras que el hotel también pone a disposición de sus huéspedes una sala de reuniones con servicio de videoconferencia sin cargo adicional, un beneficio poco habitual en la hotelería de Recoleta. De acuerdo con los datos que maneja la administración, cerca del ochenta por ciento de los huéspedes son extranjeros, con predominio de estadounidenses y mayor presencia europea durante el invierno del hemisferio norte, y la estadía promedio ronda una o dos noches.
En dos mil veinticinco el hotel quedó en el puesto catorce del ranking Top 20 Hotels in South America de los Readers' Choice Awards de la revista Condé Nast Traveler, segundo entre los alojamientos argentinos de la lista, un reconocimiento que llegó de la mano de los propios lectores y que ratifica una estrategia basada en la diferenciación. En el barrio inmediato, la avenida Alvear conserva buena parte de su atractivo clásico, con sus palacios restaurados, sus cafeterías históricas y la cercanía del Cementerio de Recoleta y del Museo Nacional de Bellas Artes, lo que convierte a la zona en un punto clave del circuito turístico porteño. ¿Logrará la próxima etapa de reformas sostener esa identidad construida durante más de una década o el paso del tiempo terminará por transformar un proyecto que se pensó como una declaración de amor al vino argentino?
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tierra Roja Noticias