Una terraza vidriada en Recoleta invita a mirar el cementerio desde el cielo
En el último piso de un hotel boutique de la calle Junín funciona un mirador abierto al público que permite recorrer cúpulas, mausoleos y pasillos del Cementerio de Recoleta sin pisar el predio, con audioguías en tres idiomas y una pausa gastronómica incluida.
La luz de la tarde entra oblicua por los ventanales del último piso del hotel Urban Suites, en Junín al 1700, y del otro lado del vidrio aparecen, como dibujadas con tinta sobre el cielo de Buenos Aires, las cúpulas, las estatuas y los pasillos angostos del Cementerio de Recoleta. No hace falta cruzar la verja ni pagar la entrada al predio: alcanza con subir hasta esta terraza acristalada, abierta a visitantes externos durante todo el año, para obtener una vista aérea de uno de los sitios más visitados de la ciudad.
La propuesta nació con una idea sencilla pero poco habitual: invertir la perspectiva clásica con la que se recorre el camposanto. En lugar de caminar entre las bóvedas, el visitante las observa desde arriba, como si tomara distancia para entender el trazado, las jerarquías arquitectónicas y el contraste entre mausoleos familiares y tumbas más modestas. En los días claros, además, el horizonte se abre hacia el Río de la Plata, lo que suma una franja de agua al panorama y ayuda a ubicar el cementerio dentro del mapa más amplio de la zona norte porteña.
Una audioguía con 57 historias escrita por Daniel Naler Roxlo
El funcionamiento del espacio es tan simple como atractivo. Sobre cada ventanal hay colocado un código QR; al escanearlo con el celular se abre una plataforma bautizada "El Mirador de la Historia", que reúne 57 relatos sobre personalidades enterradas en el cementerio y sobre los mitos que rodean al lugar. Los textos fueron investigados y redactados por el escritor Daniel Naler Roxlo y están narrados en castellano, inglés y portugués, de modo que la experiencia queda accesible tanto para argentinos como para turistas extranjeros. Los turnos de visita duran alrededor de cuarenta minutos, un tiempo pensado para que la actividad se pueda combinar con otras paradas de la zona, como el Centro Cultural Recoleta y el Museo Nacional de Bellas Artes, que están a pocos metros.
- Lugar: terraza del último piso del hotel Urban Suites, Junín 1727, frente al Cementerio de Recoleta.
- Duración estimada de la visita: unos 40 minutos por turno.
- Contenido: 57 audioguías con historias sobre figuras y leyendas del cementerio, en español, inglés y portugués.
- Acceso mediante códigos QR ubicados en los ventanales, compatibles con cualquier celular con cámara y conexión a datos.
- Servicio gastronómico: desayuno o merienda, según el horario, con café, chocolate o té, medialunas, churros, copa de vino o mini picada individual.
- Abierto a turistas y visitantes externos, no solo a huéspedes del hotel; se recomienda reservar turno con anticipación.
Experiencia acotada, pensada como pausa dentro de un recorrido
El mirador funciona todo el año gracias a su estructura vidriada y al clima controlado del ambiente, una diferencia clave frente a otras terrazas de Buenos Aires que solo pueden aprovecharse en los meses cálidos. La oferta gastronómica varía según la hora: por la mañana se sirven infusiones con medialunas o churros, y al atardecer la propuesta se transforma en una copa de vino con una mini picada individual. No se trata de un restaurante, aclaran desde el hotel, sino de un acompañamiento acotado a la experiencia de mirar desde arriba, con mesas bajas y sillones dispuestos cerca de los ventanales.
Desde el espacio trabajan en coordinación con guías locales y con circuitos de miradores históricos de la ciudad, una movida que en los últimos años fue sumando propuestas para conocer Buenos Aires desde ángulos poco habituales: azoteas, terrazas y edificios en altura que abren sus últimas plantas a vecinos y turistas. La terraza de Junín 1727 se inscribe en esa lógica, pero con un plus: la postal que ofrece es la de un ícono porteño mirado de un modo que casi nadie puede ver desde la calle.
¿Se te ocurre algún otro rincón de Buenos Aires que permita mirar un lugar clásico desde un ángulo completamente distinto y que todavía no tenga su propio circuito de visitantes?
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