Aquella noche en Candlestick Park: cuando Los Beatles se bajaron del escenario sin avisar
Se cumplen seis décadas de la última vez que Los Beatles tocaron juntos en vivo, en un estadio a medio llenar y rodeados de alambre. Una recorrida por la gira que cerró una época y el silencio que vino después.
Yo siempre digo que mi vieja me contaba las cosas como si las hubiera vivido, y esta es una de esas historias que parecen sacadas de un cuento de abuela inglesa: un 29 de agosto de 1966, en una cancha de beisbol de San Francisco llamada Candlestick Park, cuatro pibes de Liverpool se subieron por última vez a un escenario como Los Beatles, tocaron once canciones en poco más de media hora y se fueron en un camión blindado sin decirle adiós a nadie. Ni siquiera ellos sabían, mientras el viento frío de la bahía les pegaba en la cara, que estaban cerrando para siempre la etapa más vertiginosa de la música popular del siglo veinte. Este sábado se cumplen exactamente sesenta años de aquella noche, y a mí me parece un buen momento para poner las cosas en su lugar y entender por qué pasó lo que pasó.
Lo primero que hay que entender es el contexto en el que arrancó la última gira de la banda, la de 1966. Venían de grabar Revolver, uno de los discos más revolucionarios que se hayan editado, un disco donde la consola de Abbey Road se transformó en un instrumento más. Pero resulta que casi ninguna de esas canciones pudo sonar en vivo. Eleanor Rigby dependía de un cuarteto de cuerdas arreglado por George Martin, Tomorrow Never Knows era un trabajo de capas y experimentación que en un escenario de los sesenta era directamente imposible de montar. La paradoja era enorme: el grupo más convocante del planeta estaba creando música que ya no podía salir de su estudio, y eso, mirándolo con ojos de hoy, fue una de las señales más claras de que algo se estaba terminando.
Como en un programa de los años cincuenta
Mientras el mundo de la música en vivo empezaba a experimentar con luces, puestas escénicas y shows más largos, Los Beatles seguían tocando con la estructura de un viejo programa de variedades de los años cincuenta: un acto de apertura que no era la banda, después una seguidilla de temas propios sin pausa y sin mayor vuelo escénico. Era casi una rutina industrial. Eso que hoy suena extraño en la era de los estadios con video y pirotecnia, en aquel momento empezaba a notarse como algo que había quedado viejo, incluso para ellos, que eran los protagonistas de la renovación.
La gira, además, venía caliente desde antes de pisar Estados Unidos. En Japón y en Filipinas la pasaron mal, con recibimientos hostiles y desaires que antes no existían en la ruta beatle. Y unos meses antes, en marzo, John Lennon le había dicho al diario londinense Evening Standard que la banda era, en su momento, más famosa que la propia Iglesia de Inglaterra. La frase se descontextualizó, cruzó el océano y generó un quilombo enorme: en Ohio una iglesia amenazó con excomulgar a quienes compraran sus discos, y en varias ciudades del sur estadounidense hubo quemas públicas de sus vinilos. Con ese clima encima, la última etapa de la gira norteamericana fue un calvario de butacas vacías en estadios que antes reventaban. Y eso, para un grupo que llenaba arenas en dos horas, era una señal de alerta seria.
Alambre, camión blindado y silencio
La noche del 29 de agosto, en Candlestick Park, el escenario estaba literalmente rodeado por una jaula de alambre para protegerlos de la multitud. Las entradas no se habían agotado, el estadio estaba lejos de estar completo, y afuera los esperaba un camión blindado del Ejército para sacarlos del lugar sin problemas. Tocaron, saludaron apenas y se fueron. No hubo anuncio, no hubo comunicado, no hubo un hasta siempre. Las semanas siguientes los encontraron de vuelta en Abbey Road, encerrados grabando lo que después sería Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, y nunca más volvieron a subirse juntos a un escenario como Los Beatles.
Entonces, cuando uno mira todo el recorrido en conjunto, la pregunta que me hago yo, y que le hago a ustedes, es por dónde pasa el momento bisagra. Algunos dicen que fue la frase de John sobre Jesús, otros que fue la decisión de dejar las giras y meterse en el estudio, otros que fue el propio Revolver y su idea de que el disco podía ser una obra cerrada en sí misma. Yo, si me obligan a elegir, me quedo con algo muy anterior a esa noche: con la sensación de que cuando un grupo empieza a hacer música que sólo puede existir adentro de una consola, la gira empieza a tener fecha de vencimiento. Y Los Beatles, sin querer, firmaron su propio certificado de defunción como banda en vivo mucho antes de aquella última noche en San Francisco.
“Cada vez que alguien me pregunta por qué dejaron de tocar, yo respondo lo mismo: cuando empezaste a necesitar cuarenta personas para sonar como en el disco, ya no era un grupo, era una orquesta.”Una abuela fan de la colonia de Billinge, Cheshire, septiembre de 1966
Para quien quiera revivir la efeméride, este sábado hay varias opciones: en Buenos Aires, la radio Led Zeppelin FM y varias emisoras online van a emitir de principio a fin el audio de aquel recital, con la grabación de aficionados que se rescató del lugar. En el complejo cultural CABA de Av. de Mayo, a las 20, se proyecta el documental Beatles Live at Candlestick Park con entrada libre y gratuita. Y si el plan es quedarse en casa y cocinar algo alusivo, les tiro una idea que me dio un amigo inglés que vive en Lanús: fish and chips con una buena pinta de cerveza, y de postre un sticky toffee pudding bien inglés, porque si vamos a despedir a Los Beatles, lo hacemos como corresponde, con la mesa servida y la música de Revolver sonando de fondo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo
Tierra Roja Noticias