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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la palabra se esconde: claves para reencontrarla y señales para no pasarlas por alto

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas describe estrategias cotidianas para recuperar términos y precisa en qué momentos la dificultad deja de ser una anécdota y pide consulta profesional.

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 4 min
Cuando la palabra se esconde: claves para reencontrarla y señales para no pasarlas por alto

A veces el concepto está ahí, claro como una imagen en la pantalla interna, pero la boca se queda a medio camino. La frase se suspende, los ojos buscan un apoyo en el interlocutor y el nombre buscado se escurre sin aviso. Esa escena, que parece patrimonio exclusivo de los adultos mayores, en realidad no entiende demasiado de edades: aparece con el cansancio, con la distracción, con la presión de una reunión o con el ruido de un bar donde la conversación se pelea con la música. La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, se ocupa justamente de desarmar el mito y, sobre todo, de marcar la diferencia entre una pausa tolerable y una dificultad que merece atención.

Estrategias simples para salir del paso

Cuando una palabra se resiste, la especialista propone rodearla en lugar de acosarla: buscar un sinónimo, describir aquello que se quiere nombrar o pensar en la letra inicial, la utilidad o las características del objeto suelen ser atajos válidos para retomar el hilo sin perder fluidez. Para estimular esa capacidad a largo plazo, Sánchez Salinas sugiere conversar sobre asuntos de interés y contar información con palabras propias, un ejercicio que obliga a recuperar conocimientos almacenados, ordenarlos y sostener la atención en el intercambio. Reducir las distracciones, por lo demás, ayuda a concentrarse y a mantener la coherencia del discurso, un dato especialmente relevante en una época donde las pantallas fragmentan la atención cada pocas decenas de segundos.

La distinción central, subraya la neuropsicóloga, está en la repetición y en el impacto. Un olvido ocasional entra en los márgenes de la experiencia humana; un patrón instalado, no. Sánchez Salinas recomienda consultar cuando encontrar palabras se convierte en un problema frecuente, cuando aparecen confusiones reiteradas al nombrar objetos de la vida cotidiana —un control remoto, una verdura, una herramienta— o cuando cuesta cada vez más seguir una conversación sin perder el hilo de lo que se está diciendo. También merecen atención los cambios notorios en el habla que la propia persona advierte o que percibe el entorno más cercano, una alerta que a veces llega de boca de familiares o compañeros de trabajo antes que del propio afectado.

En esos casos, una evaluación clínica y neuropsicológica puede contribuir a comprender los síntomas y orientar un eventual diagnóstico y tratamiento. El criterio, detalla la especialista, incluye observar si las dificultades representan un cambio respecto del modo en que la persona se comunicaba antes y si interfieren de manera concreta en su vida cotidiana, laboral o social. No se trata de patologizar un tropiezo, sino de pesquisar a tiempo cuadros que sí requieren intervención.

Por qué se produce esa pausa

¿Por qué ocurre esa suspensión en la que el concepto parece nítido pero su nombre no llega? Sánchez Salinas lo explica con un esquema de dos pasos: acceder a una palabra exige primero activar su significado y, después, recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse momentáneamente, lo que da lugar a esa sensación tan familiar de tener el término «en la punta de la lengua». Con los años, esa demora tiende a hacerse más frecuente, aunque eso no implica necesariamente haber perdido la palabra: a veces reaparece minutos después, cuando cesa el esfuerzo consciente por hallarla. Y un dato que suele sorprender: el envejecimiento no modifica todas las capacidades del lenguaje por igual; puede llevar más tiempo recuperar ciertos términos, mientras que la comprensión cotidiana suele conservarse razonablemente estable.

“A veces la palabra llega minutos después, cuando uno deja de buscarla con tanta insistencia.”Camila Sánchez Salinas, neuropsicóloga clínica
  • Buscar un sinónimo o describir el objeto cuando el término no aparece.
  • Pensar en la letra inicial, la utilidad o las características de lo que se quiere nombrar.
  • Conversar sobre temas de interés y contar información con palabras propias para entrenar la fluidez verbal.
  • Disminuir las distracciones del entorno para sostener la atención.
  • Consultar a un profesional si la dificultad es frecuente, genera confusiones o cambia el patrón de habla habitual.

El mensaje de fondo combina lo tranquilizador con lo vigilante: nadie está a salvo de una pausa léxica, pero tampoco conviene naturalizar lo que dejó de ser una excepción. La pregunta que queda flotando, y que cada persona puede hacerse en su propia mesa familiar, es si aquellos olvidos que hoy se descartan con una sonrisa siguen siendo eso o ya empezaron a pedir, en silencio, una evaluación que esclarezca qué está pasando.

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades

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