Saltar al contenido
Tierra Roja NoticiasTierra Roja Noticias ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.530,00 -0,33%Dólar blue $1.545,00 -0,32%Dólar MEP $1.536,00 -0,24%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Escapadas cerca de casa, la fórmula simple que la ciencia empieza a tomarse en serio

Un estudio australiano encontró que las salidas breves y frecuentes pueden mejorar el bienestar, sobre todo en personas con menos recursos para atravesar momentos difíciles. Qué dice la investigación y hasta dónde llegan sus conclusiones.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 5 min
Escapadas cerca de casa, la fórmula simple que la ciencia empieza a tomarse en serio

Son las siete de la tarde de un martes y en la parada del colectivo de la calle San Martín, Marta, vecina del barrio Santa Lucía, me cuenta mientras acomoda la mochila que ya perdió la cuenta de cuántas veces escapó este año a Villa Gesell o a las sierras de Córdoba por apenas tres días. "Vuelvo nueva, aunque sea al trabajo, vuelvo nueva", dice, y se ríe como si confesara un secreto. Acá en el sur, donde el bolsillo muchas veces marca el pulso del calendario, esa escena se repite más de lo que uno imagina: gente que no puede pagarse un viaje largo al otro lado del mundo, pero igual se sube a un micro, se toma un remise compartido y se pierde, aunque sea por un finde, en algún pueblo chico con mar o con sierras.

Ahora la ciencia parece darle la razón a Marta. Un equipo de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, publicó un estudio que vincula las escapadas frecuentes con mejoras en el bienestar psicológico, incluso cuando se trata de salidas breves y a destinos cercanos. La investigación se propuso responder una pregunta concreta: alcanza con viajar poco, cerca y seguido para sentirse mejor con la propia vida? Los resultados, publicados en la revista Tourism Management, sugieren que la respuesta es, en gran parte, sí, aunque con matices importantes que conviene repasar.

Qué midió el estudio y a quiénes incluyó

El trabajo fue encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy y se apoyó en encuestas realizadas a más de 1.200 turistas australianos, recogidas en tres momentos entre 2020 y 2023. Los investigadores les preguntaron con qué frecuencia hacían viajes recreativos, cuán felices se sentían, cómo evaluaban su capacidad para atravesar situaciones adversas y qué tan conformes estaban con su vida en general. La idea era cruzar esos datos para ver si existía una relación entre salir más seguido y sentirse mejor, y si esa relación cambiaba según el perfil de cada persona.

Lo primero que apareció fue una tendencia clara: quienes viajaban por ocio con mayor frecuencia reportaron niveles más altos de satisfacción con la vida, y ese bienestar tendía a mantenerse más allá de los días concretos de vacaciones. Para los autores, el dato importa porque corre de escena la idea de que solo sirven los viajes largos, caros o exóticos. Una salida corta a un destino cercano, si se repite, parece dejar huella.

Quiénes se benefician más

El hallazgo más interesante, sin embargo, llegó cuando el equipo miró los datos según los recursos de afrontamiento de cada participante, es decir, las herramientas con las que una persona enfrenta problemas, pérdidas o momentos de estrés. Ahí apareció lo que en psicología se llama un efecto de techo: las mejoras fueron más marcadas en quienes se percibían como más vulnerables o con menos recursos para sobrellevar situaciones difíciles. En cambio, quienes ya contaban con herramientas de afrontamiento moderadas o altas mostraron cambios más chicos.

“Conocer lugares nuevos, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para desarrollar recursos personales que tienden a durar más allá del viaje.”Rory Mulcahy, profesor asociado de la Universidad de Sunshine Coast

La explicación que propone el equipo se apoya en una teoría clásica de la psicología positiva, conocida como la teoría del broaden and build, que en castellano suele traducirse como ampliar y construir. Según esa mirada, las emociones agradables que aparecen durante una escapada no solo se disfrutan en el momento: también ensanchan la manera de pensar y de actuar, y con el tiempo ayudan a construir recursos internos duraderos, como más confianza, más creatividad o más paciencia. Para los investigadores, una salida breve puede funcionar como un gimnasio emocional, sobre todo para quien parte con menos entrenamiento.

Qué aplicaciones prácticas se sugieren

A partir de esos resultados, los autores plantearon algunas recomendaciones para operadores turísticos y para quienes organizan políticas de descanso:

  • Ofrecer experiencias con apoyos que faciliten la participación, como visitas guiadas, traslados organizados y actividades al aire libre pensadas para principiantes.
  • Incorporar propuestas de nivel inicial en actividades como senderismo, kayak y escalada, de modo que resulten accesibles para personas con poca experiencia.
  • Diseñar escapadas cortas y cercanas como un producto específico, y no como una versión barata del viaje largo.

Como aplicación concreta, los investigadores sugieren que este tipo de ofertas puede resultar especialmente útil para personas mayores, para quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad emocional o para quienes, por motivos económicos, no pueden embarcarse en vacaciones largas al extranjero. La idea es que una salida bien organizada, de uno o dos días, a un destino cercano, puede terminar funcionando como una herramienta de bienestar y no solo como un pasatiempo.

Hasta dónde llegan las conclusiones

El estudio tiene, sin embargo, limitaciones que los propios investigadores aclaran. Todos los participantes eran turistas australianos, lo que deja afuera otros contextos culturales, climáticos y económicos. Además, el período analizado estuvo atravesado por las restricciones de la pandemia de covid-19, que alteró los hábitos de viaje y probablemente la forma en que la gente valoraba cualquier escapada. Por eso, los autores piden cautela: antes de extrapolar los resultados a otros países, hace falta replicar el trabajo en poblaciones distintas y en períodos sin las distorsiones que dejó la emergencia sanitaria.

En el mientras tanto, los hallazgos dejan una conversación abierta para nosotros, los que vivimos en el sur de América y solemos mirar con envidia los viajes largos que vemos en las redes. Marta, la vecina de Santa Lucía, no leyó la investigación de Mulcahy, pero parece haber entendido algo parecido a puro instinto: que no siempre hace falta cruzar un océano para volver con el ánimo nuevo. Lo que ella espera, como me dijo mientras el colectivo se acercaba, es que la próxima escapada la encuentre con un poco más de plata en el bolsillo y, sobre todo, con alguien que la convenza de repetir. La ciencia, esta vez, le está dando una mano.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo