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SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

Puchero, el perro que se negó a dejar la comisaría y hoy patrulla Neuquén a la par de los bicipolicías

Tiene unos doce años, duerme en un colchón dentro de la Comisaría Primera y sale a recorrer la ciudad junto a los agentes en bicicleta. Nadie lo trajo: apareció hace más de una década, adoptó la rutina y se quedó para siempre.

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Ludmila HudymaSociedad y vida · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo veo todas las mañanas cuando bajo a hacer las compras, parado ahí en la puerta como si fuera uno más de la guardia", dice Estela, vecina del barrio Uno, mientras acomoda las bolsas sobre el manubrio de la bici. Lo dice con esa mezcla de ternura y costumbre que suelen tener los que conviven a diario con algo que, en teoría, no debería estar donde está: un perro de unos doce años, con el lomo grisáceo y la mirada atenta, esperando el arranque del turno en la esquina de Ministro González y Mendoza, en pleno centro de Neuquén.

Se llama Puchero y, aunque muchos transeúntes se detienen a preguntarle a los efectivos si está en adopción, la respuesta es siempre la misma: no, ya tiene casa. Duerme en su propio colchón dentro de la Comisaría Primera, come en los distintos destacamentos gracias a los aportes del personal y tiene las vacunas al día, según los controles veterinarios que le hacen con regularidad. A veces aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre las calles Petróleo e Intendente Carro, y nadie se extraña: toda la fuerza lo conoce y siempre tiene un lugar donde echarse a descansar.

Una rutina que empezó sola y nadie se animó a cortar

Nadie lo trajo. Apareció hace más de una década en la seccional y, simplemente, se quedó. Hubo intentos concretos de adopción: vecinos interesados se acercaron a la comisaría y más de un agente lo pensó en serio, pero el animal nunca aceptó irse. "Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá", resume la agente Aldana Campos, que lleva tres años en la seccional y conoce al perro desde su primer día de servicio. "Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención", agrega el agente Nemesio Lagos, con nueve años en la fuerza y amigo del animal desde sus inicios. "Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado".

“Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso.”Aldana Campos, agente de la Comisaría Primera de Neuquén
  • Duerme en un colchón propio dentro de la Comisaría Primera, en Ministro González y Mendoza.
  • Recorre la ciudad junto a los bicipolicías, con paradas pensadas para no fatigarlo.
  • Lleva un chaleco impermeable cosido por la agrupación Patas Unidas Neuquén con la frase "No me lo robes... yo también tengo frío".
  • Con otros perros se muestra indiferente: si lo provocan, los ignora.
  • Ante un procedimiento tenso, ladra para alertar a los agentes, pero nunca escala la situación.
  • Cubre un radio amplio: pasa por la zona del hipermercado Jumbo, el corredor este-oeste y suele visitar la Comisaría Segunda y la Motorizada.

La modalidad que lo adoptó a él

La patrulla en bicicleta no es nueva en la zona: nació en el año 2000 por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, junto a un grupo de agentes de Cutral Co que empezaron a cubrir el territorio pedaleando. Puchero llegó mucho después, pero adoptó la modalidad como propia. Cuando arranca el turno, ya está esperando en la puerta, listo para sumarse al recorrido. Acá en el sur, donde la ciudad se estira de este a oeste y el clima pega fuerte, ver a un perro con chaleco impermeable trotando al costado de las bicicletas dejó de sorprender hace rato. Lo que sí sigue sorprendiendo, dicen los vecinos, es la calma con la que se maneja entre la gente.

Sobre el torso lleva ese chaleco con la leyenda "No me lo robes... yo también tengo frío", cosido a mano por integrantes de Patas Unidas Neuquén, una agrupación local que trabaja con animales en situación de calle. La imagen se repite cada mañana en las calles céntricas y, casi sin querer, se convirtió en una suerte de sello de la patrulla. Los vecinos se detienen a sacarle fotos, los chicos le gritan el nombre desde la vereda y él sigue su marcha, sin alterar el paso, como si entendiera que el recorrido también es suyo. "Nosotros lo vemos como un compañero más del grupo", dicen en la seccional, y no es una frase hecha: lo cierto es que, después de más de diez años, Puchero ya es parte de la estructura, de la rutina y del paisaje de Neuquén.

Lo que todos esperan en la comisaría, y en el barrio, es que Puchero siga así un buen tiempo más: con su colchón esperándolo adentro, su chaleco impermeable puesto y su lugar reservado en la formación de los bicipolicías cada mañana. A esta altura, nadie en Ministro González y Mendoza imagina un turno sin él.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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