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MAR, 08 SEPT 2026
Entretenimiento

Veinticinco años después, aquella compañía de paracaidistas sigue dando clases de televisión bélica

HBO la emitió por primera vez el 9 de septiembre de 2001, apenas dos días antes de los atentados a las Torres Gemelas. La producción de Spielberg y Hanks se reestrena en un contexto muy distinto al de su estreno original, y se mantiene como la referencia ineludible del género.

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Romina CabralCultura y espectáculos · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Me lo dijo una vez mi abuela, que había vivido la guerra desde el otro lado del océano y la padecía cada vez que se hablaba del tema en la sobremesa: "mientras haya alguien que cuente lo que pasó, no se termina". Y eso, justamente, es lo que vuelve extraordinaria a esta serie que está cumpliendo un cuarto de siglo y que, para mí y para buena parte de los que nos dedicamos a mirar pantallas, sigue siendo el techo de cualquier producción bélica que se precie de ese nombre. Hablo, claro, de Hermanos de sangre, la miniserie que HBO puso al aire en septiembre de 2001 con un presupuesto que por entonces era una locura: 125 millones de dólares, lo más caro que se había visto en una producción para televisión hasta ese momento, y que sigue disponible y sigue siendo vista, dos décadas y media más tarde, como si el tiempo no le hubiera pasado por encima.

Bastogne, el bosque y la nieve

La historia sigue de cerca a la Easy Company del 506.º Regimiento de Infantería de Paracaidistas del Ejército de los Estados Unidos, desde el entrenamiento en el campamento Toccoa hasta la llegada al nido de águilas de Hitler en Berchtesgaden, pasando por el infierno blanco de Bastogne, en las Ardenas. La narración está basada en el libro homónimo de Stephen E. Ambrose, que se publicó en 1992, aunque en pantalla el foco se corre del relato estratégico para meterse de lleno en los lazos entre los soldados, que es donde la serie se vuelve realmente grande y donde, a mi entender, ningún otro proyecto del género ha podido volver a ponerle el pie encima. En esa decisión está la clave de todo.

Ah, y un detalle que no es menor: la serie se emitió por primera vez el 9 de septiembre de 2001, apenas dos días antes de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York, así que el estreno juntó unos diez millones de espectadores y la campaña publicitaria se suspendió tras el golpe, pero la emisión siguió al aire hasta el final y la gente la acompañó igual, que ya de por sí dice mucho del lazo que la producción había logrado tejer con su público en apenas un capítulo.

Los reales abren la puerta

Hay una decisión que a mí, particularmente, me parece de manual y que marca el tono de toda la serie: los veteranos reales de la Easy Company son los que presentan cada uno de los diez episodios delante de cámara y cuentan, en primera persona, lo que les tocó vivir. Esa presencia no es decorativa ni mucho menos, porque le agrega una capa de testimonio que las reconstrucciones puramente ficcionales, por bien hechas que estén, difícilmente alcanzan. Detrás de esa movida estaban Steven Spielberg y Tom Hanks en el rol de productores ejecutivos, y la verdad es que se nota la mano de los dos en cada plano, sobre todo en la decisión de no regodearse con la violencia, que aparece cuando tiene que aparecer, pero nunca se vuelve el centro de la escena.

“La guerra, te das cuenta mirándola, es algo que les pasa a personas concretas, con nombre y apellido, y no a una bandera ni a un mapa.”Un veterano de la Easy Company, en uno de los prólogos de la serie

Del reparto, casi nadie tenía nombre cuando arrancó la serie. Damian Lewis se puso en la piel del líder Dick Winters y, a partir de ahí, despegó; Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz completaron el núcleo estable. En roles secundarios, y en etapas muy tempranas de sus carreras, aparecieron Michael Fassbender, James McAvoy, Simon Pegg y Tom Hardy, que después se harían enormes, pero que acá todavía eran caras nuevas. El más conocido del elenco en aquel momento era, sin dudas, David Schwimmer, el eterno Ross de Friends, que se metió en la piel del oficial Herbert Sobel, un personaje muy discutido por los propios veteranos, y al que le sacó un partido enorme.

Cine de guerra con voz propia

Técnicamente, la producción se plantó con una puesta en escena de escala netamente cinematográfica: las batallas se filmaron con el mismo criterio que una película bélica grande, el diseño de producción está lleno de detalles y la dirección se repartió entre varios realizadores, entre ellos Phil Alden Robinson y David Nutter, que le dieron al conjunto una variedad de registros sin que se pierda la coherencia. A diferencia de lo que pasó después con The Pacific, la otra producción del mismo equipo, de 2010, acá el peso narrativo se repartió entre todo el batallón en lugar de concentrarse en dos o tres protagonistas, y esa elección coral es, para mí, una de las grandes herencias que le dejó la serie al género.

Y acá me sale el lado emotivo, lo asumo: la serie cumple 25 años y no tiene rivales en la televisión bélica. No los tiene porque entendió algo que otros proyectos del rubro siguen sin entender, y es que el soldado es una persona antes que un uniforme, y que la guerra, cuando se cuenta bien, duele en el lugar exacto donde duele en la vida real. Si todavía no la viste, o si la viste hace tiempo y tenés ganas de reencontrarte, está disponible en la plataforma Max, son diez episodios de unos cincuenta minutos cada uno, ideal para maratonear un fin de semana, y te recomiendo acompañarla con algo rico: un guiso de lentejas bien espeso, un locro si estamos en invierno, o, si te va lo anglosajón, un buen shepherd's pie bien caliente, que ayuda a pasar el frío que se pasa en Bastogne.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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